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martes, 24 de junio de 2014

"Una madre" de Alejandro Palomas


Título: Una madre
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Siruela
Año edición: 2014
ISBN: 978-84-16120-43-7
  Páginas: 248




Dice Alejandro Palomas en una entrevista publicada en Culturamas a propósito de Una madre  que "vivir es caminar por el cable del funámbulo y de repente entender que el verdadero vacío está arriba, que si vivimos con los ojos puestos en un cable, la vida y la muerte son lo mismo". Y, aunque la que tiene resulta preciosa, ese concepto de la vida como un caminar por la cuerda floja intentando mantener el equilibrio bien podría haber sido la imagen de portada de esta novela. Porque Una madre nos recuerda que muchas veces vivimos temiendo que se rompa la cuerda que nos da seguridad o procurando no dar un mal paso que nos haga caer al abismo cuando, en realidad, mirar siempre hacia abajo nos impide poder disfrutar de las cosas que nos hacen realmente felices. Nada puede definir mejor a esta novela que nos habla de personajes que hace tiempo que cargan sobre sus corazones con el peso de las rutinas, la inquietud de los silencios o el temor a ser descubiertos en escondidos refugios que les protegen de los reveses que han sufrido en la vida.


"Mamá está nerviosa e ilusionada. Lleva así unas semanas, desde que tiene la certeza
de que esta noche estaremos todos. Por fin, después de tantos intentos frustrados,
los que somos su sangre nos sentaremos a la mesa a celebrar el fin de año y brindaremos juntos.
Es un gran día para ella y no lo disimula, porque no sabe hacerlo.
Desde que se divorció de papá, siempre ha pasado algo, algo ha terminado torciéndose
y la cena de Nochevieja ha estado coja."


Alejandro Palomas centra la novela en una sola noche de un día muy especial, simbólico quizá, en el que despedimos el año ya vivido para estrenar uno nuevo. Esta Nochevieja supondrá el punto de inflexión en la vida de los personajes que asisten a la cena organizada por la madre de familia, Amalia, que homenajea a aquella otra anfitriona que creara Virginia Woolf en La señora Dalloway. (Ojo, lectores, porque no será éste el único guiño a Virginia Woolf que el autor va dejando a lo largo de la novela).

"Mamá había dicho que ella misma compraría las flores." 1


Para enmarcar la obra, el autor ha elegido como escenario el comedor a cuya mesa se sientan los protagonistas. Un entorno cerrado que crea un ambiente íntimo. Cada capítulo del libro se presta a ser visionado como si de una escena de una película se tratase mostrándonos escenas pasadas que contextualizan lo que se vive durante la cena. En las horas que abarca la novela iremos conociendo a esta familia tanto como si de la nuestra se tratase. Entrad de puntillas en la intimidad de esta casa y no temáis perturbarles, ellos son generosos y os dejarán mirar desde un rinconcito de esta mesa donde caben más cosas de las que se ven a simple vista. Conoced a la matriarca, Amalia, maravillosa en todas sus facetas -¿no sería Carmen Maura una gran Amalia?- y a sus hijos: Silvia, Emma y Fer, cada uno con sus aflicciones cargadas sobre los hombros. Y a Olga, que lo cierto es que familia-familia no es -y, hay que ver, qué difícil y duro es eso a veces. Y finalmente, reíros un rato con las ocurrencias de tío Eduardo, el Indiana Jones de las conquistas amorosas.


Si mi abuela hubiese leído esta novela hubiera sentenciado, tajante, "en todas las casas cuecen habas". Ella, al igual que Ester, la abuela ausente pero constantemente recordada del protagonista, y a la que tanto me recuerda, tenía un refrán adecuado para cada momento. Y es cierto, no hay nada más complicado y a la vez más sencillo que una familia porque cada una se rige por sus códigos, tiene sus peculiaridades y sus formas de proceder pero subyaciendo a todo siempre está el hecho de ser familia, esos lazos consanguíneos que nos unen con una especie de nudo gordiano y que nos proporcionan un sentimiento de pertenencia a un  algo más elevado que nosotros mismos. La familia como ese salvavidas al que asirse cuando todo parece perdido, ese faro que nos guía en la oscuridad, esa historia común que nos da identidad.  Pero esos lazos no es bueno que aprieten mucho, deben dejar respirar, todo debe tomarse en su justa medida y ahí radica la dificultad.


Es increíble lo que una novela puede influirte, lo bien que conocen algunos autores, Alejandro en concreto, la psique humana para crear unos personajes con los que el lector empatiza tan rápidamente. En Una madre Palomas hace una radiografía de la familia que bien pudiera haber sido la de cualquiera de nosotros. Yo también hubiera necesitado y agradecido en algún momento que Amalia me hubiese sentado a su mesa una Nochevieja o cualquier otro día, también tengo mi silla de las ausencias en la que se sientan dos personas a las que querré y recordaré mientras viva y también tengo mi propia libreta de páginas violetas en las que algunas preguntas aún esperan respuesta.  Por eso esta novela llega tan y tan hondo al lector, porque todos en algún momento nos hemos sentido paralizados y hemos necesitado que alguien nos ayudara a avanzar. Una madre habla de soledad, de la soledad como elección, de la soledad como liberación y de la soledad como cárcel. Una madre también habla de reinventarse, de afrontar, de arriesgarse y, sobre todo, de abrazar la vida con fuerza y dejar que pase el sol por esos huecos oscuros que nos impiden ver la luz al final de túnel.

"Yo daría la vida por poder abrazar a mi madre una sola vez, una sola,
y por poder decirle que lo he conseguido, que he salido de lo que he salido
y que me falta su mirada para saber que lo he hecho bien .
Daría todo lo que tengo, hija -dijo con una voz triste-.
Todo menos a vosotros tres, porque sin vosotros, sin tus hermanos y sin ti,
no me quedaría nada que dar y tampoco nada que esperar. Y eso no.
Vivir sin tener nada que esperar, no"



Pero en Una madre también hay lugar para el humor, porque qué sería de una familia sin los chistes que a veces sólo nosotros comprendemos, los recuerdos graciosos o las anécdotas -la de risas que me he echado con las ocurrencias de Amalia cuando está en Cara B "modo on".

 
- Pues la semana pasada fui con Ingrid a ver Los miserables - dice  mamá con voz de te-voy-a-contar-algo-pero-que-muy-interesante, poniendo una mano en el brazo de Olga-. Pero el musical, ¿eh? No la película.
(...)
- Ay, es tan... real -sigue mamá moviendo una mano en el aire. Va por la segunda copa de vino blanco y empieza a estar un poco achispada-. Está llena de miserables que sufren mucho todo el rato. Y a veces hasta lloras muy a gusto. O sea, un poco como el telediario, pero en París y sin los deportes. Y luego terminas y te vas a cenar. Y ya está.

 
No voy a desvelar nada más del argumento de Una madre porque es necesario que abordemos la lectura dispuestos a dejarnos llevar. Pero sí os diré que Una madre es poesía pura, que quien escribe nunca podrá reseñar haciéndole justicia. Una madre es de esas novelas que se disfrutan leyendo despacito porque quieres posponer el momento en que las hojas lleguen a su fin. De esos libros que acaban con tu reserva de pósit de tantas frases que quieres marcar para recordar.  De esas lecturas que te remueven cosas que llevas muy dentro porque tú también mantienes el equilibrio en tu propio trapecio. Alejandro, tus lectores te estamos eternamente agradecidos por esta maravilla hecha novela.



1. Paráfrasis de la oración que da comienzo a La señora Dalloway, de Virginia Woolf: "La señora Dalloway dijo que ella misma compraría las flores."

martes, 6 de mayo de 2014

"El jardín de Dachau" de Ellen Marie Wiseman



Título: El jardín de Dachau
Autor: Ellen Marie Wiseman
Editorial: Bóveda
Año edición: 2014
ISBN: 978-84-15497-33-2
Páginas: 560

Cuando una novela trata de cosas tan duras como los campos de exterminio nazis una no puede evitar que los sentimientos se le revuelvan y se subleven. Me pasa siempre a pesar de tener asumida una realidad tan horrenda y abominable que sufrieron millones de personas de toda condición. Con El jardín de Dachau he padecido, he luchado, he esperado, he ansiado, me he cabreado, me he revelado. También he disfrutado leyendo una buena historia aunque emplear el verbo disfrutar en este caso se me haga cuesta arriba. En definitiva, la he vivido y de eso se trata.

Esta novela es uno de esos casos en los que a pesar de conocer de antemano que tendremos que hacer frente a los horrores que se cometieron contra los judíos en los campos de trabajo nazis y que, en ocasiones, habremos de parar de leer para recomponer nuestros sentimientos, quieres continuar leyendo con la esperanza de que algo bonito surja de tanta crueldad, algo como un jardín en medio de un campo de concentración.

Nos encontramos en Hessental, un pequeño pueblo alemán, donde los ecos de las barbaridades que empieza a cometer el régimen de Hitler llegan muy atenuados. El país se encuentra al borde de provocar la Segunda Guerra Mundial pero Christine, a sus diecisiete años, no empieza a ser consciente de esta situación hasta el día en que descubre que su amor secreto por Isaac Bauerman, el hijo de la familia judía para la que trabaja, es correspondido. El que debería ser un día maravilloso en la vida de una adolescente se convierte en un infierno en cuestión de minutos cuando Christine descubre un cartel anunciando una nueva ley que le impide relacionarse con los judíos y trabajar para ellos. El lector puede hacerse una idea de las pruebas que su amor tendrá que superar, si es que ambos logran sobrevivir a la guerra. Y aquí comienza la historia de Christine e Isaac, y la de sus familias: una judía, perseguida y denigrada, la otra alemana y aria, protegida por el régimen pero no de los bombardeos ni de los racionamientos. Ninguna a salvo del miedo. Cuántas historias de amor truncadas, cuántos sueños extinguidos. Cuánto horror. Maldita sea.


"Mientras el mundo exterior se agitaba en completo desorden, Christine e Isaac hablaban y reían, meciéndose al son de la música que él tarareaba en voz baja, 
a resguardo de la lluvia y ocultos en el túnel con suelo de tierra. 
Hacían planes para ciando el mundo volviera a estar cuerdo, y rogaban para que ese tiempo no tardara demasiado en llegar. Pero a medida que pasaban las semanas 
empezaron a preguntarse si aquello sucedería alguna vez."

 
Con Christine como hilo conductor y protagonista de la historia seremos testigos de la desesperación ocasionada por la guerra, sufriremos los problemas de abastecimiento que, afortunadamente, en el campo fueron más llevaderos que en las ciudades, oiremos el silencio atronador de un búnquer bajo un bombardeo enemigo, experimentaremos el miedo paralizante de los civiles ante la Gestapo, lloraremos por la pérdida de la inocencia en los ojos de Heinrich, Karl y María, los hermanos de Christine, o padeceremos el sufrimiento de los soldados que participaron en la ofensiva a Rusia. Pero también apreciaremos la belleza de las pequeñas cosas, como un baño tras meses sin poder hacerlo, o un desayuno cuando no te has echado nada a la boca en días o de una mirada de complicidad cuando sólo los ojos pueden hablar.
 

"¿Cuánto puede vivir una persona temiendo la muerte hasta que se temor resulte insoportable?"


Christine es un ejemplo de entereza y coraje ante las adversidades pero también de esperanza y de solidaridad. Una niña que tiene que madurar de repente y que es fiel a su corazón a pesar de las imposiciones y prohibiciones de un régimen asfixiante y de una guerra atroz. Los personajes secundarios también están muy bien definidos, como Mutti o Vater, sus padres que harán todo lo necesario para cuidar de los suyos. María, la hermana menor de Christine ha sido un personaje que me ha causado mucha ternura, abnegada hija y admiradora de su hermana mayor que será una de las que más sufra por sinsentido de la guerra. Quizá el personaje más difuminado sea Isaac, precisamente porque sabemos de él al principio pero no volvemos a encontrarle hasta bien pasada mitad de la novela cuando ya es una sombra de lo que fue.

Dachau es también un escenario importante dentro de esta novela, un lugar de recuerdo ignominioso que simboliza la locura extrema de un hombre que cometió los mayores crímenes en nombre de la pureza de la raza. Un lugar infame donde se respira a atrocidad, alimentado por vagones de seres humanos convertidos en despojos, donde millones de zapatos esperan ser calzados por sus dueños que ya nunca regresarán, un sitio vacío de humanidad. Un lugar, sin embargo, donde la autora nos plantea la posibilidad de que hubiese oficiales que no estuvieran de acuerdo con los métodos allí utilizados. Yo quiero pensar que así fue, que alguno fue capaz de cuestionar la ideología y aborrecer los procedimientos aunque su voz no fuese escuchada.

"La primera vez que vi el crematorio sentí ganas de entrar en las cámaras con los que llevaban. Pero luego comprendí que soy un testigo de sus asesinatos. Si sigo vivo cuando esto termine, 
le contaré al mundo lo que de verdad ha sucedido aquí." 


Algunos de los hechos que se cuentan en El jardín de Dachau están basados en las vivencias de la madre de la autora, alemana de nacimiento, y que ésta decidió ficcionar cuando visitó Alemania y fue consciente del contraste entre la belleza del lugar y las cosas tan horribles que allí sucedieron.
El jardín de Dachau es un libro que no deja indiferente, que se deja leer aunque en algunos momentos debas parar a recomponerte y que te implica en la historia que transmite. La novela nos cuenta los horrores de una guerra que truncó vidas, rompió amistades y afloró lo peor de mucha gente pero, sobre todo, transmite un mensaje de lucha y búsqueda de la felicidad por encima de todo.

jueves, 1 de mayo de 2014

"Kitty Peck y los asesinos del Music Hall" de Kate Griffin


Título: Kitty Peck y los asesinos del Music Hall
Autor: Kate Griffin
Editorial: Siruela
Año edición: 2014
ISBN: 978-84-15937-74-6
Páginas: 310

 
 
Cuando vi las novedades que nos presentaba Siruela para el primer trimestre de 2014 un título llamó poderosamente mi atención: Kitty Peck y los asesinos del Music Hall de Kate Griffin. No conocía a la autora, cosa nada extraña ya que es su primera obra, pero este título me sugería tres ingredientes que me lo hacían muy atractivo. Primero, la cosa va de misterio e intriga porque en el título ya aparecen unos asesinos. Empezamos bien, me gusta. Segundo, la protagonista es una chica, Kitty Peck, algo que no es inusual pero que no suele ser lo más común en esta clase de literatura.  Chicas al poder. Y tres, no se me ocurre una ambientación más adecuada para un trama de este estilo que el Music Hall, donde confluyen espectáculo, frivolidad, envidias y negocios turbios. Me enloquece. Como puntilla, la traducción corre a cargo de Alejandro Palomas, autor entre otros de El alma del mundo, un libro que me encantó. Adjudicado, tenía que leerlo. 

Londres, 1880: en el distrito portuario de Limehouse se encuentra un lugar conocido como El Paraíso, un territorio regido por reglas propias y en el que gobierna su particular reina: Lady Ginger, la dueña de varios cabarés de tres al cuarto que allí se ubican. Cuando algunas de las trabajadoras de sus teatros, The Gaudy, The CometThe Carnival, empiezan a desaparecer misteriosamente, Lady Ginger ve peligrar su negocio y recurre a Kitty Peck, una chica de dieciocho años ayudante de costurera de los cabarés, a quien hace chantaje para que se convierta en señuelo de los asesinos. En la consecución de su objetivo Kitty participará en un peligroso espectáculo hecho a su medida con el que alcanzará un gran éxito del que se harán eco muchos periódicos de la ciudad. Si quieres sobrevivir en el Paraíso lo mejor es no destacar, ni para bien ni para mal. Lo más conveniente eso pasar desapercibido. Pero ella necesita destacar para atraer a quien está haciendo desaparecer a las chicas. ¿El asesino picará el anzuelo?.

 

Me gusta la gente con arrestos, y lo mismo les ocurre a los clientes. Esa, Kitty, es una de las razones. La Señora y yo te hemos seleccionado. Pero en lo que hace referencia a tus derechos, creo que pronto entenderás que no tienes mucho que decir al respecto. Tu hermano es propiedad de la Señora, tú eres propiedad de la Señora, yo soy propiedad de la Señora.
Todos lo somos... así son las cosas

 

Una de las cosas que más me ha enganchado a esta novela es lo bien que está descrita la atmósfera de los lugares por donde se mueven los personajes. Las luces y las sombras, los colores y hasta los olores componen a ojos del lector una imagen casi pictórica de los teatros, buhardillas o calles en donde transcurre la acción. Y es que la forma de plasmar los ambientes como si de un lienzo se tratara tendrá más importancia de la que aparentemente parece. Y ahí lo dejo.

Si el Londres victoriano de señores trajeados y apariencia seria e impoluta que organiza grandes eventos sociales y se ciñe a rigurosos formulismos de cortesía y etiqueta nos seduce, el que realmente nos cautiva, en cambio, es ese otro Londres más oscuro en el que Kitty se mueve como pez en el agua. Las calles por donde se mueve la protagonista de noche no están exentas de peligros ya que puedes encontrarte desde marineros borrachos buscando juerga hasta prostitutas dispuestas a todo por defender su territorio. Durante el día el panorama mejora un poco aunque sigue apestando a miseria y sordidez. Pero no sólo este ambiente degradado y mezquino está excelentemente descrito en la novela. También lo está el de los cabarés donde trabaja Kitty, el Pardillo de Limehouse,  y que tiene la oportunidad de observar desde una posición privilegiada. Las rivalidades entre las chicas del espectáculo, el ajetreo entre bambalinas, los instintos más básicos que se quitan el corsé en cuanto los clientes cruzan la puerta, los abusos a los que hay que hacer la vista gorda para sobrevivir.  Este lugar puede ser escenario de las peores atrocidades perpetradas por el ser humano y mantenerlas ocultas a los ojos del resto de la humanidad.

 

Las ventanas situadas a pie de calle de la mayoría de los edificios, aparte de las tabernas, claro está, eran negros huecos, e incluso las de más arriba, en la medida que pude ver algo, tenían las contraventanas cerradas o las cortinas totalmente corridas. Era esa clase de noche en que Londres pierde la confianza en sí misma, entorna las puertas, prende las lámparas y cierra los ojos. Abuela Peck habría encendido el fuego en una noche así y nos habría hecho sentar a Joey y a mí cruzados de piernas sobre su vieja alfombrilla de nudos mientras nos contaba historias de espíritus y de hadas malignas.

 

Narrada en primera persona por la propia Kitty la novela se lee sin dejarte tiempo a despegar los ojos de sus páginas. El ritmo jamás decae gracias al magnetismo del personaje principal pero también a personajes tan carismáticos como Lady Ginger, una decrépita anciana fumadora de opio o Lucca, el atormentado y deforme amigo de la protagonista. Kitty tiene mucha fuerza, es una chica inteligente y decidida a la que su inconformismo e insolencia le han traído más de un disgusto. En su investigación tendrá que salvar numerosos obstáculos, tentaciones, frustraciones y desesperación. Secretos familiares, un macabro cuadro, varios anónimos, amenazas veladas, desapariciones sin explicación, insistentes galanes con intenciones dudosas, el I Ching, mitos griegos, caóticos periodistas con tics nerviosos. Las piezas del rompecabezas deben ser encajadas y no hay demasiado tiempo o alguien morirá.

 

"Jamás hay que jugar a los dados con el diablo porque siempre gana él"

 

Kate Griffin ha logrado un thriller brillante que aunque no es de los que te tienen despistado hasta el final sobre quién es el asesino sí mantiene la tensión durante toda la novela proporcionando varias posibilidades al lector e, incluso, se guarda un impactante as  en la manga para el último momento. Sin duda la recomiendo y espero que la autora retome este personaje para futuras historias.



 Reseña realizada para el Equipo de Redactores de Momentos de Silencio Compartido

miércoles, 19 de marzo de 2014

"La alcoba escondida" de Almudena Navarro


Título: La alcoba escondida
Autor: Almudena Navarro
Editorial: Roca editorial
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-9918-660-3
Páginas: 256

 
A pesar de que no nací ni vivo allí, mis orígenes y una parte de mi corazón son manchegos. Por esa razón, y porque la autora de La alcoba escondida es compañera de reseñas, empecé a leer esta novela con especial deseo y cariño. Aunque muchas cosas han cambiado en estos casi ochenta años transcurridos desde la época en la que se enmarca la novela hay cosas que permanecen inmutables. En La alcoba escondida he vuelto a sentir el sol del verano cayendo a plomo sobre los campos, he observado a los hombres y mujeres trabajando de sol a sol en los labrantíos y me ha cegado el amarillo de los campos de cereales listos para la siega salpicado del blanco de las aldeas encaladas. 

La acción de la novela arranca en 1929 en Las Mesas, el típico pueblo manchego de casas bajas en los que la vida transcurre apaciblemente alrededor de una plaza presidida por la sempiterna iglesia. Conocemos a la familia de doña Enriqueta, apodada la pistolera por su carácter de armas tomar. Casada con Pepe, un hombre tranquilo y sosegado, Enriqueta es la persona más rica del pueblo y su personalidad fuerte y autoritaria le ha granjeado tanta admiración como temor entre los habitantes de una comarca en la que hace y deshace a su antojo. Es una especie de Angela Channing a la manchega, nada de lo que pasa en el pueblo escapa a su conocimiento. Su afán por controlarlo todo y proteger a su familia chocará con el de Rocío, su hija menor, una chica independiente y moderna que se rebelará en contra de los deseos de su madre. En cambio Milagros, la hija mayor, de una capacidad intelectual algo limitada, se plegará encantada a los deseos de su progenitora de casarla con alguien de su conveniencia. Durante esta parte de la novela, con un estilo limpio y un lenguaje sobrio, Almudena Navarro presta especial atención a las relaciones entre los habitantes del pueblo y la familia de Enriqueta así como pondrá de manifiesto las costumbres de la zona y la época, retratando la vida en los pueblos y el contraste que se producía con la capital, Madrid, donde también transcurre parte de la acción.  Esta es la parte que más me ha gustado de la novela, ver cómo el pueblo entero se moviliza los domingos para ir a misa y poder coincidir con la familia de Enriqueta en el camino, acompañar al Santo Niño de la Bola en procesión, acompañar a Rafaela en las tareas domésticas, admirar los modelitos traídos de Madrid que Rocío luce cual estrella de cine entre sus paisanos, ver a doña Enriqueta en su salsa mandando callar al cura... Son todos hechos que nos ayudan a conformar un retrato de la vida rural de la época. También he de destacar la gran labor de Almudena al rescatar palabras tan características de la zona como "odo" o "golusmera" que desde pequeña oía pronunciar a mis abuelos y que contribuyen a dar verosimilitud a la novela. 

 
- Y, Rocío -añadió Enriqueta mirándola fijamente.
- ¿Sí, madre?
- Te recuerdo que Milagros es tu hermana mayor.
- ¿Y?
- Pues que, antes de casarte tú, tendrá que casarse ella. Claro está. - Enrqueta no pudo evitar sonreír, sabiendo el efecto desolador que sus palabras causarían a su hija.
- No lo dirá usted en serio, madre. Me voy a quedar pa vestir santos.


En la segunda parte de la novela, el protagonismo recae más sobre Alberto Cuartero, yerno de Enriqueta y abogado del Estado afiliado a la CEDA. Este personaje, aparte de sus dilemas morales sobre su matrimonio, servirá para dibujarnos una imagen del panorama político existente durante la Segunda República. Un clima cada vez más enrarecido que derivará en la ominosa contienda que fue la Guerra Civil y que enfrentó a hermanos con hermanos durante tres años. Interesante resulta ver cómo las circunstancias van complicándose y el conflicto armado se ve casi como algo inevitable. Aunque este enfrentamiento como algo más a nivel político que entre el pueblo, que sólo quiere vivir en paz sin meterse en líos. No obstante, la situación política no es más que el telón de fondo para contar la historia de una familia en la que el equilibrio que mantenía la matriarca se va resquebrajando dividiéndose por el rencor y la ambición.

Alberto miró a su amigo con tristeza. 
- Métete esto en la cabeza, el centro ya no existe. Si es que alguna vez llegó a existir y no fue un espejismo. 
- Todo por lo que he trabajado era con un fin, Mendizábal, la convivencia democrática. He fracasado. Voy a ser un fugitivo triste y fracasado.



Si tengo que ponerle algún pero a La alcoba escondida es que me han faltado páginas, es cierto que con unos cuantos trazos los personajes quedan fielmente retratados, algo sumamente difícil de conseguir, pero me hubiera gustado conocerlos más íntimamente, ahondar en sus relaciones personales y en sus pensamientos. Creo que me hubiese ayudado a meterme más en la historia que se profundizara en personajes como los de Leopoldo, Rafaela o Rosa que pasan muy de puntillas por una novela que me alegro de haber leído y por la que felicito sinceramente a Almudena. 


Reseña realizada para el blog Momentos de Silencio Compartido.

domingo, 1 de diciembre de 2013

"Los ángeles mueren por nuestras heridas" de Yasmina Khadra

 
 
Título: Los ángeles mueren por nuestras heridas
Autor: Yasmina Khadra
Editorial: Destino
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-233-4708-7
Páginas: 384


Sinopsis

En la Argelia de entreguerras, el pueblo del joven Turambo desaparece sin dejar rastro tras un corrimiento de tierra. Su familia pierde todo lo que tenía, pero Turambo es un chico muy especial. No está dispuesto a dejarse llevar por la miseria y, mucho menos, a abandonar sus sueños. Un día alguien le dice que lo difícil no es forzosamente imposible, que lo único que hay que hacer para alcanzar la luna es ponerse en marcha, y así, Turambo emprende una apasionante aventura hacia lo que siempre ha deseado: una vida nueva en la ciudad «europea» de Orán.

Al llegar allí, sin saber muy bien cómo, una pelea callejera lo inicia en el mundo del boxeo, con la promesa de convertirse en una estrella mundial. Y aunque Turambo consigue gloria y dinero, ningún trofeo hace estremecer su alma como la mirada de una mujer. De Nora a Louise, de Aída a Irene, busca el sentido a su vida en un mundo en el que la ambición y el poder son los reyes absolutos, y no queda espacio para el amor. Éste será el principio de una vida marcada por la culpa, en la que perderá muchas de las cosas que antes creía importantes, pero descubrirá el valor de la amistad y el perdón, además de vivir una gran historia de amor.
 
[Sinopsis extraída de la página de la editorial] 
 
 
 
Opinión

Los ángeles lloran por nuestras heridas comienza en una cárcel de la Argelia colonial de la primera mitad el siglo XX. Cual Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento, Turambo espera la hora de su muerte como pago por un crimen del que el lector no tiene conocimiento. En esos últimos momentos, que ya presagian la fatalidad que marcará la vida del protagonista, rememora su biografía desde que de niño un corrimiento de tierra hiciese desaparecer su aldea y, con ella, a su padre. Turambo es un niño feliz pero por no tener, ni su nombre es suyo, sino el de su aldea, lugar que Turambo tendrá que dejar para irse a vivir a Graba, un gueto de Sidi Bel-Abbes, un lugar en el que "lo único que le quedaba a la gente por compartir era su desdicha" y en el que "nadie pagaba por sus crímenes ni por sus pecados, nos limitábamos a ser pobres". 
 
"Tenía once años que me sabían a once cadenas perpetuas.
Una maldición detenida en su nulidad, anónima como la tiniebla,
girando en vano como un tornillo pasado de rosca.
Si no veía en final del túnel era porque no existía; me limitaba a atravesar una noche
que no cesaba de reinventarse"
 
Su carácter tranquilo y sociable le granjeará buenos amigos: Ramdane, Gomri o Sid Roho.  Todos ellos buenos chicos víctimas de sus circunstancias. Pero la inocencia e ingenuidad del joven Turambo pronto se dará de bruces con una realidad sumamente dura y despiadada: niños convertidos en pequeños matones, homosexuales superados por la carga de tener que esconder su condición, prestamistas que cobran sus deudas con violaciones, ....
 
La realidad en la que vive Turambo es cruel y capaz de pervertir a cualquiera. Los jóvenes han de tener claro lo que quieren y, aún así, una sociedad que los aparta y discrimina hace que su sino la mayoría de veces esté escrito desde la cuna. Turambo no se resigna a ser un perdedor, a agachar la cabeza y conformarse con futuro que le espera. Estaba escrito, pero soy analfabeto, dice. Quiere ser el dueño de su propio destino. Sus amigos poco a poco van desapareciendo, cada uno abocados a un destino a cada cuál peor, y él cada vez tiene más problemas para ganarse la vida dignamente tal y como quisiera. Por eso decide trasladarse a Orán en busca de una vida mejor. Ansía tener una casa con una puerta que se cierre con llave y tenga un número encima. Ese es su máximo anhelo para él y los suyos. En Orán conocerá el éxito dedicándose al boxeo pero también el precio que hay que pagar por querer vivir como un europeo en un país que no perdona el pecado de ser musulmán en un país colonizado por los católicos. Las clases sociales están claramente delimitadas. Los europeos, inmigrantes franceses, españoles o italianos, componen principalmente las clases altas, cuyo nivel de vida está muy por encima de los argelinos de origen, que son los parias de una sociedad que trata a los musulmanes como escoria.

Tres nombres de mujer dan título a las tres etapas en la vida de Turambo en las que se divide el libro. Nora, Aïda e Irène. Tres mujeres que ocuparon el corazón del protagonista, y que por unas razones o por otras le dejaron heridas más fuertes que las del boxeo. Porque en Los ángeles mueren por nuestras heridas también hay amor. Amores complicados, amores inconvenientes, amores incondicionales. Y también hay amistad. Pero todo cubierto por ese manto que todo lo corrompe y estropea. Turambo es un chico orgulloso y honrado, digno y perseverante, que consigue abrirse camino en una sociedad que sólo le pone zancadillas y con la que mantiene un pulso que difícilmente puede ganar.
 
"Quien nace en el infierno no teme los volcanes"
 
El destino de Turambo es un poco el destino de todo su pueblo, el de un país luchador y orgulloso sometido a un poder externo. Yasmina Khadra, autor que firma con el nombre de su mujer, retrata con este libro la sociedad argelina de entreguerras vista desde muchos vértices, lo que nos permite tener una visión bastante extensa de toda una época y las circunstancias que la rodearon. Y se vale del boxeo, deporte que "igualaba" a todos encima de un ring, para mostrarnos lo duro que es sentirte extraño en tu propio país, el racismo de los colonos, la corrupción del dinero, la irracionalidad de algunas costumbres, el choque de religiones, la dureza de la guerra y sus devastadoras consecuencias.
 
La prosa de Khadra me ha fascinado y ha convertido a Los ángeles mueren por nuestras heridas en uno de los mejores libros que he leído este año, si no el mejor. Frases que en unas pocas palabras evocan mil sentimientos, que retratan miradas que traspasan el papel poniéndote los vellos de punta, que permiten que oigas el griterío de los vendedores al pregón que abarrotan la plaza del pueblo o que sientas el sol abrasador caer sobre la tierra baldía. Eso sólo lo pueden hacer los grandes escritores y me tengo que rendir ante el buen hacer de Khadra, que ha resumido en un libro todo un período histórico de su país, que ha dado voz a los excluidos, a los que sufrieron tanto y aún hoy en día lo hacen.  Un libro que nos hace reflexionar sobre las decisiones que tomamos en la vida, sobre la gente que dejamos en el camino, sobre la dificultad para salir del agujero negro de la pobreza y la marginación o sobre la crueldad de cualquier forma de sometimiento.

 
El sueño es el tutor del pobre, y su crítico. Nos coge de la mano y nos lleva consigo para, luego, tras habernos entretenido con mil promesas, dejarnos en la estacada. Es un listillo y un psicólogo muy fino: nos atrapa por el sentimiento del mismo modo que se pilla a un mentiroso; una vez que le hemos abierto nuestro corazón y nuestra mente, nos deja allí plantados, en plena desbandada, con la cabeza llena de viento y un agujero en el pecho... hasta que solo nos quedan ojos para llorar.
 



Reseña realizada para Momentos de silencio compartido por Lu de Mi mundo con dos lunas

Gracias a Destino por facilitarme el ejemplar.

lunes, 30 de septiembre de 2013

El último pasajero, de Manel Loureiro

 
Título: El último pasajero
Autor: Manel Loureiro
Editorial: Planeta
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-08-11249-5
Páginas: 448
 
 
 
Agosto de 1939. Un enorme trasatlántico llamado Valkirie aparece a la deriva en el océano Atlántico. Un viejo buque de transporte lo encuentra por azar y lo remolca a puerto, tras descubrir que en él tan sólo queda un bebé de pocos meses… y algo más que nadie es capaz de identificar.

Setenta años después, un esquivo hombre de negocios decide reflotarlo y repetir, paso por paso, el último viaje del Valkirie. A bordo, atrapada en una realidad angustiosa y contrarreloj, la periodista Kate Kilroy descubrirá que sólo su inteligencia y su capacidad de amar podrán evitar que la nave se cobre de nuevo su siniestro precio en este viaje.

Inquietante. Enigmática. Adictiva. Bienvenidos al Valkirie. No te podrás bajar… aunque quieras.
 
 
                                                         [Sinopsis proporcionada por la editorial]
 
Con esta presentación y una portada tremendamente atractiva fue imposible  resistirme a leer lo que la mente de Manel Loureiro, el "Stephen King español" autor de la exitosa Apocalipsis Z, había ideado para meternos el miedo en el cuerpo.
 
El último pasajero nos propone una travesía a bordo del Valkirie, un transatlántico de recreo alemán en el que en 1939 sucedió un hecho inexplicable: cuando fue encontrado a la deriva en medio del océano y de una espesa y amenazadora niebla, todo el pasaje y la tripulación habían desaparecido, se habían evaporado sin dejar rastro. Todos salvo un bebé, un bebé judío en un barco nazi para más señas. Intriga servida. Setenta años más tarde la periodista Kate Kilroy, una joven que acaba de quedar viuda, heredará de su difunto marido la investigación de este extraño suceso. Sus averiguaciones pronto toparán con Isaac Feldman, un misterioso magnate de los negocios que planea realizar el que será el último viaje del Valkirie.
 
 
 "A seiscientas millas de la costa de Irlanda,
la noche era negra como el fondo de una mina
y se confundía con el mar calmo y opaco propio de aquella época. 
Entonces, la niebla llegó de golpe y todo empezó a suceder".
 
 
Embarcarse junto a Kate en el Valkirie ha sido un viaje que ha merecido la pena, desde luego no ha sido un crucero de placer, pero no era eso lo que buscaba al leer este libro.  Durante esta singladura rumbo a lo desconocido ha habido de todo. Por emplear un símil náutico: ha habido momentos en los que la mar en calma me dejaba disfrutar del paisaje: una buena historia, unos personajes bien perfilados y mucho misterio; otros en los que la mar gruesa me agitaba del sillón en el que cómodamente leía esta novela y llegaba a ponerme los vellos de punta y ocasiones en los que la mar confusa era tan ídem que se me hacía difícil seguir leyendo. Y me explico. La historia comienza con un planteamiento estupendo: un fantástico prólogo, un barco fantasma, nazis, un enigma, una periodista en busca de respuestas. Un inicio ágil, de los que  enganchan y no puedes dejar de leer. Hasta aquí genial. Llega el segundo tercio del libro, la historia empieza a dar giros insospechados y empiezas a pensar: a ver cómo el autor resuelve este lío. Y sigues sin poder parar de leer aunque temes que el desenlace te defraude. Y finalmente, tras un poco de confusión -que nunca llega a impedir que sigamos la trama- la novela acaba convenciendo pero no como para que digas "qué final más redondo". Y es que me parece que, aunque apliquemos el principio de la Navaja de Ockham según el cual "en igualdad de condiciones la explicación más sencilla suele ser la correcta", la novela adolece de ciertas explicaciones, que -ojo- están pero no lo suficientemente desarrolladas y algunos vínculos o relaciones los tiene que deducir el lector.
 
Sólo tengo esta objeción que hacer a una novela que me ha gustado, que me ha transportado al ambiente brumoso y oscuro que reina en el Valkirie, que ha logrado inquietarme en muchos momentos -si bien no he llegado a pasar miedo- y me ha tenido desconcertada en tantos otros. Una novela  que me ha tenido enganchada a sus páginas y que mezcla a la perfección dosis de thriller con la novela de terror aderezado todo ello con un poco de romance paranormal. Una novela que sin duda merece el éxito que está cosechando aunque el final no sea todo lo consistente que hubiera deseado.
 
 Reseña realizada para el Equipo de Redactores de Momentos de Silencio Compartido

domingo, 14 de julio de 2013

'Inferno' de Dan Brown



Título: Inferno
Autor: Dan Brown
Editorial: Planeta
Año de edición: 2013
ISBN: 978-84-08-11417-8
Páginas: 640
 
 
 
Con respecto a Dan Brown hay abierto un auténtico debate entre partidarios y detractores.  No voy a ser yo la que lo alimente más, cada uno tendrá su propia opinión y es respetable. Así es que soy consciente de que quizá alguno de vosotros seréis reticentes a darle una oportunidad a este autor. Incluso puede que se la hayáis dado anteriormente y no os haya satisfecho. Quizá sois de los que  ven en sus novelas un afán demasiado comercial, entendiendo comercial en su acepción más negativa, la de una literatura pensada exclusivamente para el disfrute inmediato sin mayores pretensiones. Algo así como la fast food en la literatura.  Es cierto que la prosa que nos ofrece este autor no es merecedora del Nobel, o de una estrella Michelin si seguimos con el símil culinario, pero cumple con creces lo que promete: entretenimiento puro y duro. Lo tomas o lo dejas, es lo que hay. En mi caso, de vez en cuando me apetece una hamburguesa con patatas, esta no es una hamburguesa cualquiera, en esta ocasión se trata de alta cocina aunque el plato sea de lo más normalito.
Dan Brown ha dado con una fórmula de éxito y la está explotando al máximo. ¿Vosotros qué haríais? Difícil disyuntiva. Él también lo tiene difícil porque superarse en cada nuevo libro es francamente difícil. Con Inferno creo que el autor ha logrado una de sus novelas más redondas, en la que todo cuadra, todo está bien atado.
"Los lugares más oscuros del infierno están reservados para aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral. Para Langdon, el significado de esas palabras nunca había estado más claro: En tiempos peligrosos, no hay mayor pecado que la pasividad."
El protagonista de sus últimas obras, Robert Langdon, un atractivo catedrático de simbología de Harvard tiene que seguir una serie de pistas relacionadas con obras de arte para conseguir salvar al mundo de alguna catástrofe. Quien amenaza al mundo esta vez es un eminente científico ayudado por el Consorcio, una organización de dudosa moral. Es habitual en sus novelas que siempre, y casualmente, Langdon esté acompañado por alguna guapa señorita (que un profesor cincuentón con chaqueta de tweed como protagonista queda muy soso). Es cierto que el patrón es invariablemente el mismo, con alguna salvedad, pero no por ello deja de ser sumamente entretenido. Las novelas de Brown te enganchan, quieres saber cómo resolverá las pistas, qué giro dará la historia y, por supuesto, cómo acabará. Y esto Brown lo vuelve a hacer, y mejor que en otras ocasiones. Esta vez nos presenta a un Langdon amnésico que se despierta a miles de kilómetros de su país, en Italia, sin saber qué hace allí y cómo ha llegado. Iremos averiguando qué ha pasado para llegar a esa situación al mismo tiempo que el propio protagonista y no nos dejará un momento para respirar. A través de capítulos bastante cortos y de lectura muy ágil, la búsqueda de las pistas para resolver el enigma y, al mismo tiempo, deshacerse de sus perseguidores sirve de excusa al autor para mover a sus protagonistas por alguna de las ciudades más bonitas que he visitado y creo que visitaré: Florencia, Venecia o Estambul. Surcar las aguas del Gran Canal y divisar la basílica de San Marcos desde el embarcadero del Palacio Ducal,  visitar el Duomo o el Ponte Vecchio y conocer algunos secretillos que se esconden en estos monumentos tan admirados, para mí ha sido toda una gozada. Las pistas que Langdon irá descifrando junto a su acompañante accidental Sienna Brooks, tienen todas que ver en esta ocasión con La Divina Comedia de Dante Alighieri. Un atractivo más a sumar a los ya citados puesto que la investigación nos servirá para conocer algunos datos curiosos sobre la vida y obra de este poeta florentino.
Dan Brown tiene una gran habilidad para sorprender al lector, cuando pensamos que irá en una dirección se saca de la manga algo que nos descoloca. Siempre mantiene el suspense, el lector nunca se puede confiar. La novela da muchos giros pero todos ellos son muy creíbles, algo que chirriaba en otras novelas suyas como El símbolo perdido, más flojita que ésta. El final también es más convincente que en otras novelas del autor pero añade una cuestión moral que a mí me ha dejado un regusto amargo. No os contaré por qué, evidentemente.
Lo dicho, quizá dentro de unos meses no recuerde cada paso que dio Langdon hacia la resolución del enigma o no recuerde los nombres de los protagonistas. Quizá no deje el poso que otros autores dejan en mi memoria pero algo sí recordaré: disfruté leyéndolo. Mucho.
 
 
 
 
Reseña realizada para Momentos de silencio compartido por Lu de Mi mundo con dos lunas
Gracias a Editorial Planeta por facilitarme el ejemplar.


jueves, 21 de marzo de 2013

'Arroz de Palma', de Francisco Azevedo



Autor: Francisco Azevedo
Título: Arroz de Palma
Editorial: Espasa
ISBN: 978-84-670-0781-7
Páginas: 364




A principios del siglo XX la joven Palma junto con su hermano José Custódio y su esposa Maria Romana, deciden abandonar su Portugal natal para buscar un futuro mejor allende los mares, en las fértiles tierras brasileñas. Cien años después, su hijo mayor Antonio nos narra la historia de esta familia, en cuya felicidad desempeñó un papel importante un elemento cuasi mágico: el arroz que la tía Palma recogió el día de la boda de su hermano.

Antonio, un anciano octogenario, a lo largo de toda una vida ha atesorado muchos recuerdos que guarda con cariño. Algunos de ellos es capaz de rememorarlos como si acabaran de ocurrir. Flashbacks y reflexiones íntimas de un hombre que ha llegado a un punto en su vida en el que puede echar la vista atrás con la tranquilidad de quien ya ha vivido mucho y, sobre todo, ha hecho las cosas bien. Reminiscencias que, como él mismo explica, puede que no se refieran a los hechos más importantes de su vida pero sí son los que más le han marcado. Su padre trabajador y cabezota, su madre protectora, sus tres hermanos "antónimos", la hacienda de don Avelino. Pero sobre todo recuerda vivamente los relatos de la tía Palma; ella sentada la cuarta silla, él de piernas cruzadas en el suelo, embelesado.

La familia de Antonio no es muy diferente de una familia normal. Unos padres trabajadores, unos hermanos más o menos afines, una tía que vive con ellos. Cuando la familia crece, y el núcleo familiar se va deshaciendo es cuando surgen los problemas. Las relaciones cambian con la entrada en escena de nuevos miembros. Y hay que saber lidiar con todo eso, hay que saber cuándo ceder y cuando no dar el brazo a torcer. Demasiados factores. La familia "es un plato difícil de preparar", son muchos los ingredientes de los que disponemos y hay que saber combinarlos en su justa medida para que el guiso nos quede a pedir de boca. Basta con que nos pasemos un poquito con la sal o nos quedemos cortos con el aliño para que lo que podía haber resultado un suculento manjar resulte algo difícil de digerir. Y esto no se aprende es un día, en la vida y en la cocina, el error es la base del aprendizaje. Envidias fraternales, malos entendidos, rivalidades insanas, silencios que se enquistan y que agrandan la dificultad de conjugar con éxito todos los elementos. Pero en la familia de Antonio cuentan con un ingrediente secreto y sobrenatural que les ha ayudado a establecer los cimientos de una familia sólida, algo en lo que está depositado todo el amor y las ilusiones de la familia: el arroz que la tía Palma recogió en la boda de José Custódio y Maria Romana.

La tía Palma es el personaje más entrañable y atractivo de esta novela. Una mujer de fuertes convicciones, soltera por elección, siempre atenta con los suyos, a escuchar sus problemas y a contar una buena historia. Una mujer inteligente, que no da puntada sin hilo e inflexible en sus decisiones y creencias. Un personaje en el que se podía haber profundizado más si no fuera porque al autor no le interesaba centrar el foco de atención en una sola figura sino que quería darnos una visión global de una familia, como otra cualquiera, con sus problemas y sus rencillas, con sus afectos y alegrías.

"Hermana del padre es realmente triste. Es el caso de la tía Palma.
Decía que no había nada más anodino en las relaciones de parentesco
que ser la tía, hermana del padre. Argumentaba que entre primos y primas,
cuñados y cuñadas, aún podemos tener fantasías sexuales, bromas prohibidas...
Pero tía por parte de padre es un ejercicio de humildad que, en el Juicio final,
el Creador habrá de tener en cuenta. (...) La solución fue hacer de madre."

En cuanto al estilo, lo primero que nos llama la atención al comenzar a leer Arroz de Palma es el uso de frases nominales o con el verbo elíptico. Una manera muy provocativa y sugerente de escribir que hace que la lectura no sólo sea muy ágil sino que transmita la sensación inmediatez, de que lo que leemos son verdaderamente los pensamientos y reflexiones más íntimos de alguien que habla consigo mismo al hacer memoria de algunos pasajes de su pasado. Los hijos como lección que nos da la vida, la teoría de las lágrimas y otras secreciones como forma de purificación, la nostalgia de tiempos pasados, los avances del tiempo presente, son algunas de las reflexiones que se hace Antonio conforme va avanzando en su relato de la historia de su familia. Esta forma de escribir de Francisco Azevedo me ha parecido todo un acierto y ha hecho que disfrute muchísimo la novela.

"Yo aquí en la hacienda. Yo aquí en la cocina, cuatro y poco de la mañana.
Isabel aún duerme, el sol se retrasa. Yo aquí, un viejo de ochenta y ocho años.
Para los más jóvenes, el Abuelo Eterno, el que no tuvo comienzo no tendrá fin,
el que vino al mundo con esta cara arrugada. Yo aquí, con delantal blanco,
picando hierbas aromáticas. Preparo la comida familiar."



Las escasas pinceladas de realismo mágico, que suponen la acción del arroz sobre el matrimonio de José Custódio y Maria Romana, primero, y el de Antonio después, me han recordado un poco a Como agua para chocolate de Laura Esquivel. El poder sobrenatural del arroz da a la narración un ligero matiz alegórico, pero son tan pocas las veces que éste aparece que la historia no llega a perder autenticidad o veracidad. El arroz más bien se convierte en un mito, el símbolo de algo que todos desean, la felicidad y la fertilidad, en el amplio sentido de la palabra, de la que disfrutaron sus padres. El arroz, convertido pues en metáfora, puede tornarse un objeto de discordia entre la familia. Un escollo, un nudo que sólo se desatará con cariño y voluntad. Al fin y al cabo, todas las familias tenemos nuestro arroz de Palma particular ¿no creéis?.

Reseña realizada para Momentos de silencio compartido por Lu de Mi mundo con dos lunas

Gracias a Espasa por facilitarme el ejemplar.

 
 

martes, 12 de marzo de 2013

'La princesa prometida', de William Goldman



Autor: William Goldman  
Título: La princesa prometida
Editorial: Martínez Roca
ISBN: 978-84-270-3972-8
Páginas: 384
                                     
 
Erase una vez una joven que despertaba a la vida. Estaba deseando amar y ser amada por primera vez. Un buen día se cruzó en su camino una película, no recuerdo cómo ni dónde, sólo recuerdo que le hizo soñar con amistades sinceras, príncipes azules, amores verdaderos. Porque, como todo el mundo sabe "el amor verdadero es lo mejor del mundo, después de los caramelos para la tos".

Esa película no era otra que La princesa prometida, de Rob Reiner y es obvio decir que esa joven era yo y que me maravilló tanto esta historia que nunca me decidí a leer el libro por miedo a que éste me decepcionase. Para quienes no hayáis visto el film de 1987 os diré que a los que nos pilló en edad adolescente nos enamoró el joven Westley y su "como desees", nos enterneció el simplón de Fezzik encarnado por la estrella de la lucha libre André el Gigante y estábamos deseando que Iñigo pudiese vengar a su padre diciendo al malvado de seis dedos aquella mítica frase: "Hola, me llamo Iñigo Montoya, tú mataste a mi padre. Prepárate a morir". Quizá lo mejor de esta obra sean sus personajes, pero primero veamos de qué va.
 
En una granja del reino de Florin viven la bella Buttercup y Westley, su mozo de caballerizas. Buttercup se muestra siempre estúpida e impertinente con el joven, quien a todas sus órdenes y desplantes contesta un "como desees", que en realidad para él significa "te amo". Cuando Buttercup se da cuenta de que ella corresponde a su amor, Westley parte a buscar fortuna a América con la promesa de volver cuando haya hecho fortuna. La noticia de que Westley ha muerto a manos del temible pirata Roberts hace que Buttercup acceda a casarse con el príncipe Humperdink, heredero del trono de Florin, aunque dejándole bien claro que ella jamás le amará. Pero Buttercup es secuestrada días antes de la boda por tres asesinos a sueldo. Sólo un misterioso encapuchado logra seguir a los malhechores ¿podrá salvar este enigmático personaje a la princesa?.

Este es el punto de partida de La princesa prometida. Y no os cuento más porque quiero que leáis el libro. A los que habéis visto la película deciros que el guión, realizado por el propio Goldman, es totalmente fiel a la novela, salvo en algunas localizaciones omitidas (el Zoo de la Muerte) y en un detalle del final que más tarde comentaré.

Una princesa corta de luces, un héroe inmovilizado, un temible y misterioso pirata, un conde malvado de seis dedos, un milagroso falto de autoestima, una bruja comprensiva, un gigante bobo, un espadachín español con ansias de venganza, un obispo gangoso, un rey en las últimas... Los personajes de La princesa prometida son inolvidables, atípicos, geniales. Y creo que en ellos radica parte de su éxito, porque no es la historia de amor y aventuras a la que estamos acostumbrados, no es el típico héroe al uso ni la clásica damisela en apuros. "Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros". Estos son los ingredientes que hacen de  La princesa prometida una obra completa.

Cuenta Goldman que La princesa prometida es el libro que su padre le leía para tranquilizarlo durante una convalecencia en cama. Escrita por el autor florinés S. Morgernstern, a Goldman le gustó tanto que decidió abreviarla quitando las partes demasiado descriptivas de las que pecaba el original. Él mismo se encarga de aclararnos todo el proceso durante las muchas acotaciones que realiza a lo largo del libro. Este recurso consistente en fingir la existencia de un libro anterior sobre el que se basa el que tenemos entre las manos no es nuevo. Ya en el Quijote el historiador moro Cide Hamete Benengeli aparece como primer autor y Cervantes se presenta como un simple traductor y autor de unos poco capítulos. Esta metaficción busca como objetivo dar más credibilidad al texto y os aseguro que William Goldman lo consigue. Sabemos de antemano que la historia de Westley y Buttercup es pura fantasía pero en algunos momentos el autor nos hace dudar de su autoría dándonos detalles, algunos reales otros inventados, de si lo que leemos es real o fruto de su imaginación. De su invención salen datos como la ubicación el reino de Florín, en centro Europa, sus cuitas legales con los herederos del verdadero autor o la participación de Stephen King en el proceso de adaptación del libro que continúa la historia. Pero también contribuye a esta sensación de no saber dónde empieza acaba la realidad y empieza la ficción el hecho de que el texto principal está salpicado de datos aparentemente sacados de la vida del propio William Goldman: nos habla de su faceta como guionista de películas como Dos hombres y un destino, Marathon Man o Misery, de sus desencuentros con su mujer o de la obesidad de su hijo.

Pero el mérito de La princesa prometida no consiste solamente en el engaño al que nos conduce el autor. La historia en sí es como un cuento de hadas pero mejor, porque las cosas no siempre salen bien, los personajes no son infalibles, ni perfectos. Hay amor, pero sin ñoñerías. Hay luchas, con dolor. Hay muertes, sorprendentes. Hay magia, faltaría más. Hay humor pero también hay llanto.

- Westley, si me estás tomando el pelo, te mataré.
- ¿Cómo puedes soñar siquiera que te esté tomando el pelo?
- Es que no me has dicho que me quieres ni una sola vez.
- ¿Es todo lo que necesitas? Sencillo. Te quiero. ¿De acuerdo?
¿Quieres que te lo diga en voz más alta? Te quiero.
¿Quieres que te lo deletree? T, e, q, u, i, e, r, o.
¿Quieres que te lo diga al revés? Quiérote.
- Ahora sí me estás tomado el pelo, ¿verdad?
- Puede que un poco; hace mucho tiempo que te lo digo, pero tú no querías
escucharme. Cada vez que tú me decías "Muchacho, haz esto",
te parecía que yo te contestaba: "Como desees", pero era porque no me oías bien.
"Te quiero" era lo que en realidad te decía, pero tú nunca me escuchaste, jamás.

Aunque hay, a mi juicio una parte que le sobra a esta novela. Tras el final de la novela, por cierto algo más amargo que en la película, se incluye el primer capítulo de la segunda parte titulado El bebé de Buttercup. ¿Por qué sólo el primer capítulo? El autor se dedica durante unas cuantas páginas a explicárnoslo. Según él, acordaos que es un liante de siete suelas, el segundo libro está escrito pero sólo tenía permiso para compilar el primer capítulo. Pues bien, todo esto sobra. Este capítulo estorba en su mayoría. Si el autor quería hacer una continuación podía haberla hecho. Completa. A los fans de esta novela nos gustaría saber cómo siguen las vidas de los protagonistas, vivir más aventuras junto a ellos. Incluso en este primer capítulo hay escenas memorables, como la del torbellino que lleva a la isla del Único Árbol. Pero Goldman nos deja con más incógnitas que respuestas, no cierra nada, no explica mucho. Se queda cojo. Nos deja con ganas de más. Pero quizá ésa era su intención.



Gracias a Martínez Roca por facilitarme el ejemplar.
 
Reseña publicada en Momentos de silencio compartido.