Título: La librería ambulante
Autor: Christopher Morley
Editorial : Periférica
Año de edición: 2012
ISBN: 978-84-92865-50-5
Páginas:184
Ya tenía yo ganas de hincarle el diente a esta novela que tanto he visto por la blogosfera. Y qué mejor excusa la que me brinda el reto del mes de Septiembre que nos proponen los blogs Momentos de silencio compartido, Juntando más letras y Libros que hay que leer que este mes sea el de los libros sobre libros.
Esta novela, originalmente publicada en 1917 pero que llegó en castellano el año pasado a nuestras estanterías gracias a la editorial Periférica, no ha perdido frescura a pesar de los años transcurridos desde su publicación. Una historia que me ha gustado porque sus personajes son tiernos, se les coge cariño a las primeras de cambio, su humor es muy inglés -a pesar de que su autor sea estadounidense- y, como no, destila mucho amor por los libros y la literatura.
Cuando Roger Mifflin aparece en la puerta de la granja de Helen McGill la vida de ambos está a punto de cambiar para siempre. Él, un vendedor de libros ambulante, ha decidido colgar las botas y "echar raíces" en Nueva York donde planea escribir un libro en el que plasme todas las vivencias que ha experimentado en sus años de andadura por los caminos. Ella, una mujer soltera en la cuarentena, vive con su hermano Andrew, un escritor de éxito, dedicada por entero a las labores de la granja. Roger pretende que el hermano de Helen le compre El Parnaso, su librería ambulante, para poder retirarse y cumplir su sueño de convertirse en escritor. Pero es Helen quien lo compra por miedo a que lo haga su hermano y la deje sola al frente de la granja. Este arrebato de coraje en el fondo no es sino un acto de desesperación por cambiar su vida, por huir de la vida de dedicación por entero a un hermano poco agradecido y a las labores propias de la casa. A partir de entonces Helen se convertirá en la feliz y confiada propietaria de un carromato lleno de libros, una yegua enclenque y un perro retozón.
Si hay algo que sustenta a la novela son sus personajes principales, Roger y Helen. Entrañables los dos. El señor Mifflin es un hombre vehemente, testarudo y pasional. Una especie de Don Quijote a la americana. Un caballero andante con un libro por toda armadura. Un médico del alma que receta libros para cualquier situación. Un pastor sin hábito con un cargamento de "salvaciones eternas". Un antihéroe que sólo sabe meterse en líos pero que tiene mucho, mucho encanto.
“Cuando le vendes un libro a alguien, no solamente le estás vendiendo doce onzas de papel,
tinta y pegamento. Le estás vendiendo una vida totalmente nueva.
Amor , amistad y humor y barcos que navegan en la noche.
En un libro cabe todo, el cielo y la tierra, en un libro de verdad, quiero decir”.
Helen McGill, la protagonista femenina, también nos gana el corazón con su capacidad de sacrificio, ese coraje que le lleva a dejarlo todo y esa candidez y espontaneidad que la llevan a vivir la más apasionante aventura de su vida. Es una mujer a la que le gustaría vivir las cosas que se ha perdido, que siente que su juventud se está evaporando y no ha vivido las cosas que ella soñó de pequeña.
Y otra cosa que destaca en la novela son los libros, si bien no son parte importante del argumento son la excusa perfecta para conocer a los personajes a través de sus discusiones sobre temas literarios. las continuas referencias a escritores y libros harán que el lector disfrute profundamente con esta lectura. Así que si tenéis oportunidad de leer La librería ambulante no lo dudéis, se lee de tirón y es muy divertida. Hay veces que ciertas situaciones parecen sacadas de un vodevil disparatado lleno de encuentros, desencuentros, equívocos y algo de romance. Yo me lo he pasado pipa. Una novela que nos habla de esas decisiones tomamos sin pensar pero que nos cambian la vida, de perseguir los sueños y del amor por los libros con grandes dosis de humor. ¿Qué más se puede pedir?
"Los libros serán la ruina de esta granja dentro de poco. Se pasa la mitad del tiempo soñando despierto con sus libros como una gallina ponedora, cuando debería estar arreglando arneses.
Por Dios, si viera este carruaje se quedaría en vilo durante una semana entera.
Tengo que recibir al cartero antes de que llegue a casa para sacar del correo
los catálogos de las editoriales, de modo que Andrew no los vea.
No sabe cuánto me alegro de que no esté aquí ahora mismo. ¡No sabe cuánto!
