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sábado, 8 de marzo de 2014

"Enterrado en vida" de Arnold Bennet


Título: Enterrado en vida
Autor: Arnold Bennett
Editorial: Impedimenta
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-15578-49-9
Páginas: 304


Me declaro admiradora de la Editorial Impedimenta. Su catálogo está plagado de joyas literarias por lo que no sus novedades son de las que más espero cada mes. La novela que ahora os traigo llamó mi atención nada más leer su título y admirar su portada. Echando un vistazo a su sinopsis terminé de convencerme de que tenía que leerla, ya que sugería una buena lectura de enredos y confusiones al más puro estilo inglés. Para más inri, coincidió que El infierno de Barbusse le dedicó una semana temática y terminé cayendo rendida a sus pies aún sin haberla leído. Ahora, con conocimiento de causa, confieso que Enterrado en vida me ha encandilado.

Londres, 1908. En el 91 de Selwood Terrace está instalado Priam Farll acompañado por el sinvergüenza de su lacayo, un tal Henry Leek. Priam es un pintor de éxito al que muchos consideran el mejor que ha existido jamás o, en su defecto, el "pintor más grande de la historia después de Velázquez". De una timidez compulsiva casi enfermiza, Priam ve el cielo abierto cuando Leek muere y el doctor confunde al fallecido con el propio Farll. Es su oportunidad de alejarse de todo, de la fama y de la angustia que le producen las relaciones sociales. Como a la ocasión la pintan calva Priam decide no deshacer el entuerto y aprovechar para desaparecer. De este modo no saca al doctor de su error y éste certifica el fallecimiento del genial pintor. A partir de aquí Priam vivirá la vida de su lacayo, con sus ventajas pero también con sus inconvenientes, algunos verdaderamente peliagudos, y los rocambolescos acontecimientos se suceden en la que será para Priam la mayor experiencia de su vida.
 
- ¿Dónde está su invitación? - preguntó el hombre de sotana.
Priam la buscó en los bolsillos y no pudo encontrarla.
- Debo de haberla perdido - dijo con voz débil.
- ¡Bueno, da igual! ¿Cómo se llama usted?
- Priam Farll - dijo Priam Farll sin pensar.
- ¡Está loco perdido, evidentemente!
 
 
 
La novela de Bennett juega con la posibilidad de dejar de ser nosotros mismos y ponernos en el lugar del otro caricaturizando algunas debilidades del ser humano. Un poco al estilo de El príncipe y el mendigo de Twain sólo que aquí el mendigo está muerto y, lógicamente, no toma parte en el engaño. Farll, un tímido recalcitrante que sin embargo  ansía nuevas emociones, intenta reaccionar como lo haría Leek pero sus modales y su carácter terminan siempre saliendo a la luz, lo que da lugar a situaciones verdaderamente comprometidas narradas con un tono entre irónico y condescendiente pero siempre cargado de humor para con el protagonista y, en general, con las peculiariades, muchas veces absurdas, del carácter humano. 
 
"Llamar la atención del mundo hacia su persona le resultaba angustioso.
Pero por carta podía atreverse a todo: le daban una pluma, y no tenía miedo a nada"
 
 
 
El tono irónico tiene su parte socarrona pero también su vertiente crítica. Bennett como narrador pone en evidencia ciertos aspectos que le chocan de la sociedad británica de principios del siglo XX. La encendida defensa de Priam por parte de un sector de la prensa en contraposición a sus fervientes detractores es una muestra de lo complicado que es el mundo del arte, a la vez que nos enseña un poco el funcionamiento de los medios de comunicación que pueden encumbrar o hundir a cualquiera a golpe de editorial. Qué entendemos por arte, cuáles son los parámetros que diferencian lo que tiene calidad de lo que no, quién los decide y por qué. Los intereses, casi siempre monetarios, que mueven el mercado del arte salen mal parados en esta novela en la que, de hecho, Priam se hace famoso por un cuadro que retrata a un policía de Londres y que en principio no es entendido por el público. ¿Qué tiene de especial ese cuadro? Pues que a nadie hasta la fecha se le había ocurrido hacerlo. Quizá sea esa la verdadera cualidad que distingue a los genios del resto de mortales, que son los pioneros, los que marcan el camino que seguirán los que vengan detrás. O quizá sólo supieron publicitarse mejor que otros.

Londres está muy presente la narración, el Londres de principios de siglo XX en el que el metro ya es un medio de transporte cotidiano, en el que el bullicio de las calles, con sus ruidosos coches, es algo habitual. Un Londres en plena expansión en el que comienzan a surgir nuevos comercios, como los salones de té regentados por damas emprendedoras, o una infinidad de nuevos y suntuosos edificios en contraste con los barrios de la periferia, como Putney, lugar donde vive Alice. Este Londres es el que aparece en la novela claramente retratado. Un Londres que se abre a la modernidad pero que peca de una doble moral que Bennett no duda en criticar atacando también al encorsetado mundo de las apariencias, al mezquino sistema judicial y a los poco honrosos métodos de los periódicos de la época, que no difieren tanto de los actuales, buscando siempre el morbo y el sensacionalismo. 

Especial atención quiero dedicar a Alice Challice, un personaje que me ha maravillado, una mujer de diferente extracción social que Priam pero que le servirá de apoyo y que le ayudará a ver las cosas con otra perspectiva. Alice siempre pone un punto de cordura y sensatez a cualquier situación, es la que tiene los pies en el suelo, la práctica y sensata que sirve de contrapeso para encontrar el equilibrio que necesita el excéntrico de Priam. Memorable es la escena con la viuda y sus hijos (no os la contaré porque hay que leerla), en la que Alice los despacha con un desparpajo y resolución que sólo pueden tener las personas que saben lo que quieren en la vida. 
 
- (...) Pero ¿sabe usted?, nunca había estado en un restaurante.
- ¿De verdad?
- Sí - dijo-. Y me pareció que debía probar alguno. La chica de la estafeta de correos me había ducho que aquel era espléndido. Y lo es, vaya si lo es. Es precioso. Pero deberían avergonzarse de servir esa comida que sirven. ¿Se acuerda usted del lenguado?. ¡Lenguado! Aquello tenía de lenguado lo mismo que mis guantes. Y tanto daba que hubiera estado al fuego un minuto, como una hora.... Y luego, mire usted los precios... Ah, sí, no pude remediar echar un vistazo a la cuenta.
 
 
Por último, recomendaros encarecidamente el postfacio de José C. Vales, que nos sirve para situar a Bennett en su época y valorarlo en su justa medida. Como siempre, Impedimenta, de chapeau.




 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

'La buena novela' de Laurence Cossé


Título: La buena novela
Autora: Laurence Cossé
Editorial : Impedimenta
Año de edición: 2012
ISBN: 978-84-15130-26-0
Páginas: 416
 


"Lo menos que se puede afirmar acerca de la desaparición de Paul Néon es que no levantó
apenas revuelo en el cantón del Biot donde se sospechaba que se había afincado;
ni siquiera en el minúsculo pueblecito de Les Crets, cuya última casa ocupaba".
 


Así comienza La buena novela, pero no quisiera que este comienzo os llevara a equívoco.  Lo que nos trae Laurence Cossé no es una thriller policíaco ni de detectives aunque haya una investigación de por medio. Y os advierto esto porque este principio personalmente me desconcertó un poco. Este suceso que se narra en sus primeras páginas no es más que uno de los que les ocurren a tres miembros de un comité secreto que se dedica a escoger para una librería sólo buenas novelas. Y es el punto de partida que escoge la autora para contarnos el proceso de gestación, maduración y puesta en marcha de un proyecto que a la mayoría de nosotros nos resultará sumamente atractiva y que fue el acicate que me llevó a elegir La buena novela para el Mes de libros sobre libros.  

Cuando Ivan Georg, un dependiente de una pequeña librería y gran amante de la lectura, conoce a Francesca Aldo-Valbelli, una madura heredera de espíritu filantrópico, ambos congenian enseguida. A pesar de la diferencia de edad y de estatus social, los dos coinciden en su amor por la literatura y pronto se plantean llevar a cabo una ilusión compartida: abrir una librería en la que sólo se vendan buenas novelas. Imaginad: una librería de la que estemos seguros de salir con una buena adquisición, sin miedo a llevarnos chascos ni sorpresas desagradables, que nos garantice que lo que compramos es algo que merece la pena leer. La ilusión de cualquier lector.

" Invertimos dinero para respaldar y enriquecer el patrimonio literario,
que está amenazado por el olvido y la indiferencia,
por no hablar de la confusión del buen gusto"
 
El planteamiento es sencillo a simple vista aunque llevarlo a la práctica será bastante más complejo. Los protagonistas antes de materializar su proyecto en una coqueta librería pleno centro de París deberán hacerse preguntas tales como: ¿qué entendemos por buenas novelas?, ¿qué criterios utilizamos para catalogarlas?, ¿quién se encarga de dictaminar las que lo son y las que no?. Son todo factores tan subjetivos que pronto surgirán voces que cuestionen la labor de la librería, que los tachan de poco democráticos y snobs. La controversia y el debate que crea la inauguración y el posterior éxito comercial de la librería La Buena Novela me parece el gran acierto de esta novela. Las buenas novelas frente a las novelas comerciales. ¿Puede una novela comercial tener valor literario? ¿Quién tiene derecho a decir qué vale y qué no?. Unas preguntas sumamente interesantes y que darían para grandes mesas redondas y disertaciones. Una crítica procaz e irónica que pone el acento en los intereses de librerías que se ven amenazadas por el éxito de La Buena Novela, en las editoriales que ven cuestionada su labor como filtros de la cultura, en los grupos de comunicación que participan del negocio que mueve el marketing. Todo es un negocio y no van a venir un par de visionarios a chafarlo. En este punto es cuando los miembros del Comité seleccionador de las novelas empiezan a sufrir "accidentes" y la cosa se complica.
 
 

"Antes de alcanzar la esquina de la rue Dupuytren, se quedó inmóvil, de pie, con el periódico abierto. En la segunda página, a cuatro columnas, en un abrir y cerrar de ojos un título le había hecho olvidar el lugar, la hora y todo aquello que no tuviera que ver con la librería.
"Los comisarios del valor literario".
Al terminar de leer la primera columna, ya intuía cómo se presentaba la situación.
Habían sacado la artillería pesada".
 

 
No penséis que en La buena novela sólo se habla de novelas, que sí, y de muchas además aunque casi todas francesas (ahí la autora ha pecado un poco de chovinismo, barriendo para casa). También hay misterio, aunque es una trama que no está suficientemente potenciada y queda relegada algo casi anecdótico. Y amor, no sólo por los libros, o podríamos llamarlo problemas sentimentales y amores imposibles, que no me han convencido por no poder entenderlos. Unos personajes poco comunicativos en cuanto a sentimientos no me han hecho empatizar con su situación. Una relación entre los protagonistas que podría haber dado más juego del que da. Y, eso si, un final impactante, de esos que te hacen pensar.

sábado, 20 de octubre de 2012

'La juguetería errante', de Edmund Crispin


Ficha técnica


Título: La juguetería errante
Autor: Edmund Crispin
Editorial: Impedimenta
Nº de páginas: 320
Encuadernación: Tapa blanda
ISBN: 9788415130208
Año de edición: 2011






Sinopsis



Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

Opinión

Menuda racha de descubrir joyitas que llevo. No me explico cómo estaba yo para esperar tanto tiempo a leer esta novela. Es un libro redondo, con todos los ingredientes para un buen disfrute leyendo: una historia de intriga, sólida y bien urdida, que nos va presentando a los sospechosos y sus motivos y oportunidades, para poco a poco ir desentrañando el misterio, diálogos vivos llenos de ironía y dobles sentidos y humor, mucho humor, sin perder esa flema que caracteriza a los británicos.

Todo comienza cuando el poeta Richard Cadogan decide tomarse unas vacaciones para alejarse una temporadita de Londres y, por extensión, de su editor con el que tiene algunos desencuentros. Su destino será Oxford donde, nada más llegar, será testigo accidental de la presencia de un cadáver tirado en el suelo de una juguetería. Cuando acude con la policía al lugar del crimen se encontrará con que el sitio ya no es una juguetería sino una tienda de ultramarinos y que, por supuesto, no hay señales de cadáver alguno. Tratado poco menos que como un desequilibrado, acude en busca de ayuda a su amigo el profesor de Literatura Gervase Fen, con quien investigará qué hay tras este misterio de la juguetería que se desvanece y el cadáver desaparecido.
Edmund Crispin

El excéntrico profesor Fen, protagonista de la mayoría de novelas de Crispin, es quien lleva el peso de la historia. Fen, una especie de Sherlock Holmes montado en su llamativo descapotable rojo, nada tiene que envidiar a éste, a pesar de no ser tan famoso. Frente a la racionalidad del londinense, Gervase Fen se guía más por una intuición que le lleva a ir improvisando sobre la marcha y que le meterá en algún que otro lío. Cadogan, en cambio, más que un Watson parece un Sancho Panza poeta, fiel escudero sin muchas inquietudes detectivescas que sigue a pies juntillas las indicaciones de su amigo.


Al más puro estilo detectivesco, varios sospechosos tenían motivos para realizar el crimen y el lector se implica con la historia intentando averiguar quién es el culpable antes que los protagonistas. Hay un momento culmen en la novela, muy cinematográfico, en el que se nos llega a presentar a los sospechosos en el mismo lugar pero en habitaciones separadas, ayudando esta separación espacial al lector en la tarea de dilucidar cuál de ellos habrá sido el asesino. Si a esta intriga añadimos huidas de la policía, persecuciones automovilísticas, a un abogado sin muchos escrúpulos, una dama en apuros, dos matones y unos misteriosos herederos con nombres en clave, tenemos una novela de misterio de sobresaliente.

Pero La juguetería errante ofrece algo más que misterio. Humor y referencias a la literatura no podían faltar teniendo como protagonista a un ingenioso profesor universitario de esta materia. Desternillantes son los momentos en los que la tensión aumenta y los intelectuales Fen y Cadogam se dedican a jugar haciendo listas de libros infumables o de personajes detestables, y sorprendentes aquellos en los que  descubrimos a  un camionero que lee a  D. H. Lawrence o el comisario que quiere debatir cuestiones sobre la poesía de Shakespeare. Y es que el ambiente universitario e intelectual de Oxford, así como sus calles, sus bares, sus parques y colegios, también es retratado en esta obra con un toque de humor muy "british".
Oxford

Oxford aparece claramente retratada junto al ambiente universitario que se respiraba en los años 30: las normas de protocolo, la jerarquía, la vida en los colegios, todo es descrito con gran realismo y algo de mala leche. Sirva de ejemplo cómo describe Crispin al rector: "nunca se había podido habituar, desde su nombramiento, a aplazar el almuerzo hasta la una y media".  O cómo ironiza acerca de la estricta observación de la formalidad en las ceremonias universitarias: "(...) cuando el oficio terminó, sólo un acceso de apoplegía les habría permitido salir del local sin atenerse al orden prescrito"

Lo dicho, una novela sobresaliente. Sin duda.