Título: La buena novela
Autora: Laurence Cossé
Editorial : Impedimenta
Año de edición: 2012
ISBN: 978-84-15130-26-0
Páginas: 416
"Lo menos que se puede afirmar acerca de la desaparición de Paul Néon es que no levantó
apenas revuelo en el cantón del Biot donde se sospechaba que se había afincado;
ni siquiera en el minúsculo pueblecito de Les Crets, cuya última casa ocupaba".
apenas revuelo en el cantón del Biot donde se sospechaba que se había afincado;
ni siquiera en el minúsculo pueblecito de Les Crets, cuya última casa ocupaba".
Así comienza La buena novela, pero no quisiera que este comienzo os llevara a equívoco. Lo que nos trae Laurence Cossé no es una thriller policíaco ni de detectives aunque haya una investigación de por medio. Y os advierto esto porque este principio personalmente me desconcertó un poco. Este suceso que se narra en sus primeras páginas no es más que uno de los que les ocurren a tres miembros de un comité secreto que se dedica a escoger para una librería sólo buenas novelas. Y es el punto de partida que escoge la autora para contarnos el proceso de gestación, maduración y puesta en marcha de un proyecto que a la mayoría de nosotros nos resultará sumamente atractiva y que fue el acicate que me llevó a elegir La buena novela para el Mes de libros sobre libros.
Cuando Ivan Georg, un dependiente de una pequeña librería y gran amante de la lectura, conoce a Francesca Aldo-Valbelli, una madura heredera de espíritu filantrópico, ambos congenian enseguida. A pesar de la diferencia de edad y de estatus social, los dos coinciden en su amor por la literatura y pronto se plantean llevar a cabo una ilusión compartida: abrir una librería en la que sólo se vendan buenas novelas. Imaginad: una librería de la que estemos seguros de salir con una buena adquisición, sin miedo a llevarnos chascos ni sorpresas desagradables, que nos garantice que lo que compramos es algo que merece la pena leer. La ilusión de cualquier lector.
" Invertimos dinero para respaldar y enriquecer el patrimonio literario,
que está amenazado por el olvido y la indiferencia,
por no hablar de la confusión del buen gusto"
El planteamiento es sencillo a simple vista aunque llevarlo a la práctica será bastante más complejo. Los protagonistas antes de materializar su proyecto en una coqueta librería pleno centro de París deberán hacerse preguntas tales como: ¿qué entendemos por buenas novelas?, ¿qué criterios utilizamos para catalogarlas?, ¿quién se encarga de dictaminar las que lo son y las que no?. Son todo factores tan subjetivos que pronto surgirán voces que cuestionen la labor de la librería, que los tachan de poco democráticos y snobs. La controversia y el debate que crea la inauguración y el posterior éxito comercial de la librería La Buena Novela me parece el gran acierto de esta novela. Las buenas novelas frente a las novelas comerciales. ¿Puede una novela comercial tener valor literario? ¿Quién tiene derecho a decir qué vale y qué no?. Unas preguntas sumamente interesantes y que darían para grandes mesas redondas y disertaciones. Una crítica procaz e irónica que pone el acento en los intereses de librerías que se ven amenazadas por el éxito de La Buena Novela, en las editoriales que ven cuestionada su labor como filtros de la cultura, en los grupos de comunicación que participan del negocio que mueve el marketing. Todo es un negocio y no van a venir un par de visionarios a chafarlo. En este punto es cuando los miembros del Comité seleccionador de las novelas empiezan a sufrir "accidentes" y la cosa se complica.
"Antes de alcanzar la esquina de la rue Dupuytren, se quedó inmóvil, de pie, con el periódico abierto. En la segunda página, a cuatro columnas, en un abrir y cerrar de ojos un título le había hecho olvidar el lugar, la hora y todo aquello que no tuviera que ver con la librería.
"Los comisarios del valor literario".
Al terminar de leer la primera columna, ya intuía cómo se presentaba la situación.
Habían sacado la artillería pesada".
No penséis que en La buena novela sólo se habla de novelas, que sí, y de muchas además aunque casi todas francesas (ahí la autora ha pecado un poco de chovinismo, barriendo para casa). También hay misterio, aunque es una trama que no está suficientemente potenciada y queda relegada algo casi anecdótico. Y amor, no sólo por los libros, o podríamos llamarlo problemas sentimentales y amores imposibles, que no me han convencido por no poder entenderlos. Unos personajes poco comunicativos en cuanto a sentimientos no me han hecho empatizar con su situación. Una relación entre los protagonistas que podría haber dado más juego del que da. Y, eso si, un final impactante, de esos que te hacen pensar.
