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miércoles, 13 de febrero de 2013

'El vino de la soledad' de Irène Némirovsky



Autor: Irène Némirovsky
Título: El vino de la soledad
ISBN: 978-84-9838-403-1
Editorial:
Salamandra
Año de edición: 2011
Páginas: 224

Hace menos de un año que empecé esta andadura como admisistradora de mi propio blog y llegado un momento como este es cuando te das cuenta de cuán positiva está siendo esta experiencia. Si no hubiese leído tantas veces el nombre de esta autora y reseñas tan positivas de sus libros a lo largo de estos meses, nunca me hubiese picado la curiosidad por leer una de sus obras y jamás hubiese tenido este libro en mis manos. ¡Y, madre mía, lo que  me hubiese perdido!. Y eso que se resistió, Correos me hizo pasar lo indecible pensando que lo habían perdido. Pero al fin llegó gracias a un intercambio que hice con Anna del blog El prestatge.
El vino de la soledad nos presenta a los Karol, una adinerada familia ucraniana de principios del siglo XX, compuesta por un matrimonio y su hija de ocho años. Tras el estallido de la Revolución Rusa, San Petersburgo y París, pasando por Finlandia, serán los escenarios que verán crecer a Elena, única hija nacida del matrimonio entre Boris y Bella. Elena es una niña inteligente, con un carácter algo introspectivo y soñador, que tiene una seria carencia de afecto maternal. Bella, su madre, es una mujer frívola y distante que desprecia a su hija y a su marido, un empresario judío obsesionado por el dinero y el juego. Elena encontrará el verdadero cariño en la figura de su niñera, una mujer francesa que le da lo más parecido al cariño que ella conoce y que le proporciona un espacio donde aislarse del mundo que le reodea. En este ambiente familiar la niña irá acumulando un odio enfermizo hacia su madre, a quien cree culpable de sus desgracias y, llegado el momento, verá presentarse la oportunidad de llevar a cabo su venganza.
"Gracias a mademoiselle Rose, la niña, que se había acostado con el telón de fondo
de un estrépito de gritos, discusiones y platos que estallaban en pedazos,
podía oír con indiferencia aquella lejana tempestad como quien oye el viento
en una casa caldeada con las ventanas cerradas, sabiendo que tenía
un refugio al lado de aquella tranquila joven que cosía junto a la lámpara"
Muchas cosas me han sorprendido de esta novela de Irène Némirovky, que  tiene mucho de autobiográfica. Una de ellas es la serenidad y la contención del tono narrativo con que Elena nos narra su vida, una vida marcada por un odio infinito hacia la figura materna que destila cada una de las páginas de este libro. Un sentimiento tan abrasador y cruel que sorprende la calma y el aplomo que demuestra esta joven cuando comparte con nosotros sus pensamientos más íntimos. Némirovsky hace que el lector sea capaz de sentir ese odio, que pueda palparlo en  ese ambiente emponzoñado que magistralmente recrea en esta novela. Una atmósfera opresiva en la que la niña va creciendo hasta alcanzar la mayoría de edad.
Sobresaliente también es la capacidad de la autora para hacer una radiografía exacta del desmoronamiento de una familia. Némirovsky hace un retrato descarnado de cada personaje, sin ocultar sus flaquezas, anhelos y miserias.  Bella Karol es un personaje complejo, una mujer guapa y carichosa que ve cómo la juventud la va abandonando y siente que no ha aprovechado la vida como debiera. Frustrada por esa sensación de que el tiempo se le escapa de las manos, culpa a su hija de la situación a la que se ha visto abocada y se comporta con ella con indiferencia y, en muchas ocasiones, con desdén y verdadera crueldad. Lo único que le hace sentirse viva y deseable son sus descarados y constantes flirteos con otros hombres y sus caros y excesivos vestidos de París.
Boris adora a su mujer y prefiere negarse a ver lo que para los demás es evidente refugiándose en el juego y entregándose de lleno a los negocios que suponen el sostén económico de la familia. Él es el único de sus progenitores por el que Elena siente verdadero afecto, a pesar de sufrir su trato condescendiente y sus contínuas ausencias que le hacen sentir como una "maleta olvidada en consigna".
Esta situación, añadida a otros factores que no desvelaré para no destripar demasiado la novela, es el perfecto caldo de cultivo donde Elena irá fraguando un profundo odio en su corazón. Su vida parece estar en stand by, los años pasan y ella está como a la espera de que llegue su momento. Su venganza se convertirá en el leitmotif de su vida. Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío, desde luego esta novela es un ajuste de cuentas en toda regla que Némirovsky hace con su vida y, sobre todo con su madre. Unos usan el vino para olvidar o curar las penas, otros usan los libros...
"cuanto más se suavizaba su madre, con más fuerza sentía Elena
agitarse en su corazón un odio aún más vivo y feroz que cuando era niña.
Entonces habría bastado con tan poco... -pensaba-. Ahora es demasiado tarde.
Jamás la perdonaré. Podría perdonarla si me hiciera daño ahora, como soy hoy en día...
Sí, creo que la disculparía... Pero no se perdona una infancia destrozada."