Autor: Barbara J. Zitwer
Título: Las sirenas del invierno
ISBN: 978-84-08-10983-9
Editorial: Editorial Planeta
Año de edición: 2012
Páginas: 288
Dice la frase promocional de este libro que "si El club de los viernes te emocionó, no puedes perderte Las sirenas del invierno". Yo no he leído el libro de Kate Jacobs pero sí me ha emocionado la amistad de estas sirenas octogenarias que han decidido vivir la vida, como diría Frank, "a su manera".
Joey Rubin es una joven arquitecta y decoradora neoyorquina. En los últimos años ha estado tan centrada en su trabajo y en conservar su independencia que ha ido descuidando viejas amistades por lo que ahora apenas cuenta con la compañía de su perra Tink. Una pasada relación sentimental con su jefe y el hecho de que no consiga pasar de ayudante de proyectos le pesan como una losa en el ámbito laboral. Pero un capricho del destino hace que consiga la oportunidad de dirigir ella sola la reforma de Stanway House, la casa señorial de la campiña inglesa donde J. M. Barrie escribió Peter Pan, y se vea de buenas a primeras en tierras inglesas. En Londres se reencontrará, después de diez años sin verse y sin apenas tener contacto, con Sarah, su amiga de toda la vida. Sarah lleva una vida totalmente opuesta a la de Joey, es una abnegada madre de familia numerosa que se ha adaptado perfectamente a su cómoda vida londinense. Retomar la amistad no va a ser cosa de un día, han pasado muchos años separadas y sus vidas poco tienen en común.
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| Stanway House - Cotswolds |
Este principio se me hizo un poco cuesta arriba, no porque fuese aburrido, sino porque me parecía que no tenía nada de original. Pero como su lectura es tan fácil y amena, las páginas fueron pasando sin que me diera cuenta y, avanzando un poco más, comprendemos que esta introducción es totalmente necesaria para apreciar el choque que va a suponer para Joey llegar al pequeño pueblecito de Stanway. Acostumbrada a su estresante trabajo en la gran manzana, a la despersonalización de las relaciones y a la soledad de su apartamento sólo rota por las piruetas y ladridos de su perrita Tink, Joey descubre un lugar donde las relaciones son cercanas, todo el mundo se conoce, se saludan con cordialidad y la vida privada es casi de dominio público.
Tras un primer momento de desubicación, poco a poco la joven encontrará su lugar entre esta gente gracias sobre todo a las cinco octogenarias integrantes del Club Femenino de Natación J. M. Barrie. Aggie, Lilia, Meg, Gala y Viv no sólo son amigas desde siempre, sino que de jóvenes se hicieron la promesa de darse un baño todos los días, sea verano o invierno, en un lago cercano al pueblo. Joey tendrá la oportunidad de participar con ellas en esa especie de ritual y sentirse como una más en este grupo que será su principal punto de apoyo, entre otras cosas, cuando conozca al guardés de Stanway House, un atractivo viudo de trato difícil y padre de una hija en plena pubertad. El amor por supuesto llamará a la puerta de la protagonista pero la novela se centra sobre todo en torno a la amistad, a la importancia de saber conservarla y valorarla, a saber aprovechar las segundas oportunidades que da la vida y en procurar no desperdiciarla en cosas superfluas.
"Declaramos la intención de nuestro club, compuesto exclusivamente por mujeres,
de perseguir el objetivo de mantener la forma física mediante la práctica del ejercicio acuático,
la libertad de decir lo que pensamos y la búsqueda de la amistad eterna,
siguiendo los pasos de nuestro guía espiritual, James Matthew Barrie,
y ka más famosa de sus creaciones, el niño que no quiso crecer: Peter Pan."
Sin duda estas cinco mujeres han sido para mí lo mejor de la novela, cinco historias personales, cinco lecciones de vida de lo más diferentes que, sin embargo, han sabido conservar la amistad a lo largo de los años estando unidas no sólo en los buenos tiempos sino apoyándose aún más en los malos, algunos realmente dramáticos. Estas cinco "niñas grandes" hicieron lo más difícil que se nos puede plantear en una relación de amistad: aceptarse las unas a las otras tal como eran, con sus defectos y virtudes. Y prometieron, como hiciera Peter Pan, ser eternamente jóvenes porque la juventud muchas veces es un estado de ánimo. Desde entonces siguen juntas disfrutando al máximo de la vida.
La humanidad que desprende cada frase que pronuncian estas señoras ha hecho que me haya sido inevitable no sentir ternura por cada una de ellas y que me implicara de lleno en la trama. Son divertidas y ocurrentes pero también saben ver las cosas desde la perspectiva que les dan sus muchos años vividos. Ellas han aprendido lo que muchos todavía no comprenden: para hacer feliz a los demás hay que empezar por serlo uno mismo.
La sencilla pero emotiva historia que cuenta Las sirenas del invierno me ha dejado un muy buen sabor de boca. Recorrer la campiña inglesa de la mano de estas cinco entrañables ancianas ha sido todo un placer que además, me ha acercado un poco más a la figura de J. M. Barrie a través de pequeñas anécdotas que salpican la historia. El espíritu de Peter Pan inunda la novela y nos contagia, un logro que no todas las novelas consiguen.
"Gala tenía la piel distendida y fina, la carne fofa le colgaba en el estómago y las caderas.
Tenía los brazos pecosos y fuertes , aunque se notaba que la carne estaba blanda bajo la piel.
Los pechos obviamente abundantes en otro tiempo, le colgaban también, pálidos, usados.
Pero a pesar de todo, la anciana caminaba con paso vivo y enérgico y parecía más segura y cómoda en su cuerpo que sus conocidas de la vida social neoyorquina del gimnasio,
siempre nerviosas y cohibidas."
La humanidad que desprende cada frase que pronuncian estas señoras ha hecho que me haya sido inevitable no sentir ternura por cada una de ellas y que me implicara de lleno en la trama. Son divertidas y ocurrentes pero también saben ver las cosas desde la perspectiva que les dan sus muchos años vividos. Ellas han aprendido lo que muchos todavía no comprenden: para hacer feliz a los demás hay que empezar por serlo uno mismo.
La sencilla pero emotiva historia que cuenta Las sirenas del invierno me ha dejado un muy buen sabor de boca. Recorrer la campiña inglesa de la mano de estas cinco entrañables ancianas ha sido todo un placer que además, me ha acercado un poco más a la figura de J. M. Barrie a través de pequeñas anécdotas que salpican la historia. El espíritu de Peter Pan inunda la novela y nos contagia, un logro que no todas las novelas consiguen.

