martes, 6 de mayo de 2014

"El jardín de Dachau" de Ellen Marie Wiseman



Título: El jardín de Dachau
Autor: Ellen Marie Wiseman
Editorial: Bóveda
Año edición: 2014
ISBN: 978-84-15497-33-2
Páginas: 560

Cuando una novela trata de cosas tan duras como los campos de exterminio nazis una no puede evitar que los sentimientos se le revuelvan y se subleven. Me pasa siempre a pesar de tener asumida una realidad tan horrenda y abominable que sufrieron millones de personas de toda condición. Con El jardín de Dachau he padecido, he luchado, he esperado, he ansiado, me he cabreado, me he revelado. También he disfrutado leyendo una buena historia aunque emplear el verbo disfrutar en este caso se me haga cuesta arriba. En definitiva, la he vivido y de eso se trata.

Esta novela es uno de esos casos en los que a pesar de conocer de antemano que tendremos que hacer frente a los horrores que se cometieron contra los judíos en los campos de trabajo nazis y que, en ocasiones, habremos de parar de leer para recomponer nuestros sentimientos, quieres continuar leyendo con la esperanza de que algo bonito surja de tanta crueldad, algo como un jardín en medio de un campo de concentración.

Nos encontramos en Hessental, un pequeño pueblo alemán, donde los ecos de las barbaridades que empieza a cometer el régimen de Hitler llegan muy atenuados. El país se encuentra al borde de provocar la Segunda Guerra Mundial pero Christine, a sus diecisiete años, no empieza a ser consciente de esta situación hasta el día en que descubre que su amor secreto por Isaac Bauerman, el hijo de la familia judía para la que trabaja, es correspondido. El que debería ser un día maravilloso en la vida de una adolescente se convierte en un infierno en cuestión de minutos cuando Christine descubre un cartel anunciando una nueva ley que le impide relacionarse con los judíos y trabajar para ellos. El lector puede hacerse una idea de las pruebas que su amor tendrá que superar, si es que ambos logran sobrevivir a la guerra. Y aquí comienza la historia de Christine e Isaac, y la de sus familias: una judía, perseguida y denigrada, la otra alemana y aria, protegida por el régimen pero no de los bombardeos ni de los racionamientos. Ninguna a salvo del miedo. Cuántas historias de amor truncadas, cuántos sueños extinguidos. Cuánto horror. Maldita sea.


"Mientras el mundo exterior se agitaba en completo desorden, Christine e Isaac hablaban y reían, meciéndose al son de la música que él tarareaba en voz baja, 
a resguardo de la lluvia y ocultos en el túnel con suelo de tierra. 
Hacían planes para ciando el mundo volviera a estar cuerdo, y rogaban para que ese tiempo no tardara demasiado en llegar. Pero a medida que pasaban las semanas 
empezaron a preguntarse si aquello sucedería alguna vez."

 
Con Christine como hilo conductor y protagonista de la historia seremos testigos de la desesperación ocasionada por la guerra, sufriremos los problemas de abastecimiento que, afortunadamente, en el campo fueron más llevaderos que en las ciudades, oiremos el silencio atronador de un búnquer bajo un bombardeo enemigo, experimentaremos el miedo paralizante de los civiles ante la Gestapo, lloraremos por la pérdida de la inocencia en los ojos de Heinrich, Karl y María, los hermanos de Christine, o padeceremos el sufrimiento de los soldados que participaron en la ofensiva a Rusia. Pero también apreciaremos la belleza de las pequeñas cosas, como un baño tras meses sin poder hacerlo, o un desayuno cuando no te has echado nada a la boca en días o de una mirada de complicidad cuando sólo los ojos pueden hablar.
 

"¿Cuánto puede vivir una persona temiendo la muerte hasta que se temor resulte insoportable?"


Christine es un ejemplo de entereza y coraje ante las adversidades pero también de esperanza y de solidaridad. Una niña que tiene que madurar de repente y que es fiel a su corazón a pesar de las imposiciones y prohibiciones de un régimen asfixiante y de una guerra atroz. Los personajes secundarios también están muy bien definidos, como Mutti o Vater, sus padres que harán todo lo necesario para cuidar de los suyos. María, la hermana menor de Christine ha sido un personaje que me ha causado mucha ternura, abnegada hija y admiradora de su hermana mayor que será una de las que más sufra por sinsentido de la guerra. Quizá el personaje más difuminado sea Isaac, precisamente porque sabemos de él al principio pero no volvemos a encontrarle hasta bien pasada mitad de la novela cuando ya es una sombra de lo que fue.

Dachau es también un escenario importante dentro de esta novela, un lugar de recuerdo ignominioso que simboliza la locura extrema de un hombre que cometió los mayores crímenes en nombre de la pureza de la raza. Un lugar infame donde se respira a atrocidad, alimentado por vagones de seres humanos convertidos en despojos, donde millones de zapatos esperan ser calzados por sus dueños que ya nunca regresarán, un sitio vacío de humanidad. Un lugar, sin embargo, donde la autora nos plantea la posibilidad de que hubiese oficiales que no estuvieran de acuerdo con los métodos allí utilizados. Yo quiero pensar que así fue, que alguno fue capaz de cuestionar la ideología y aborrecer los procedimientos aunque su voz no fuese escuchada.

"La primera vez que vi el crematorio sentí ganas de entrar en las cámaras con los que llevaban. Pero luego comprendí que soy un testigo de sus asesinatos. Si sigo vivo cuando esto termine, 
le contaré al mundo lo que de verdad ha sucedido aquí." 


Algunos de los hechos que se cuentan en El jardín de Dachau están basados en las vivencias de la madre de la autora, alemana de nacimiento, y que ésta decidió ficcionar cuando visitó Alemania y fue consciente del contraste entre la belleza del lugar y las cosas tan horribles que allí sucedieron.
El jardín de Dachau es un libro que no deja indiferente, que se deja leer aunque en algunos momentos debas parar a recomponerte y que te implica en la historia que transmite. La novela nos cuenta los horrores de una guerra que truncó vidas, rompió amistades y afloró lo peor de mucha gente pero, sobre todo, transmite un mensaje de lucha y búsqueda de la felicidad por encima de todo.

jueves, 1 de mayo de 2014

"Kitty Peck y los asesinos del Music Hall" de Kate Griffin


Título: Kitty Peck y los asesinos del Music Hall
Autor: Kate Griffin
Editorial: Siruela
Año edición: 2014
ISBN: 978-84-15937-74-6
Páginas: 310

 
 
Cuando vi las novedades que nos presentaba Siruela para el primer trimestre de 2014 un título llamó poderosamente mi atención: Kitty Peck y los asesinos del Music Hall de Kate Griffin. No conocía a la autora, cosa nada extraña ya que es su primera obra, pero este título me sugería tres ingredientes que me lo hacían muy atractivo. Primero, la cosa va de misterio e intriga porque en el título ya aparecen unos asesinos. Empezamos bien, me gusta. Segundo, la protagonista es una chica, Kitty Peck, algo que no es inusual pero que no suele ser lo más común en esta clase de literatura.  Chicas al poder. Y tres, no se me ocurre una ambientación más adecuada para un trama de este estilo que el Music Hall, donde confluyen espectáculo, frivolidad, envidias y negocios turbios. Me enloquece. Como puntilla, la traducción corre a cargo de Alejandro Palomas, autor entre otros de El alma del mundo, un libro que me encantó. Adjudicado, tenía que leerlo. 

Londres, 1880: en el distrito portuario de Limehouse se encuentra un lugar conocido como El Paraíso, un territorio regido por reglas propias y en el que gobierna su particular reina: Lady Ginger, la dueña de varios cabarés de tres al cuarto que allí se ubican. Cuando algunas de las trabajadoras de sus teatros, The Gaudy, The Comet y The Carnival, empiezan a desaparecer misteriosamente, Lady Ginger ve peligrar su negocio y recurre a Kitty Peck, una chica de dieciocho años ayudante de costurera de los cabarés, a quien hace chantaje para que se convierta en señuelo de los asesinos. En la consecución de su objetivo Kitty participará en un peligroso espectáculo hecho a su medida con el que alcanzará un gran éxito del que se harán eco muchos periódicos de la ciudad. Si quieres sobrevivir en el Paraíso lo mejor es no destacar, ni para bien ni para mal. Lo más conveniente eso pasar desapercibido. Pero ella necesita destacar para atraer a quien está haciendo desaparecer a las chicas. ¿El asesino picará el anzuelo?.

 

Me gusta la gente con arrestos, y lo mismo les ocurre a los clientes. Esa, Kitty, es una de las razones. La Señora y yo te hemos seleccionado. Pero en lo que hace referencia a tus derechos, creo que pronto entenderás que no tienes mucho que decir al respecto. Tu hermano es propiedad de la Señora, tú eres propiedad de la Señora, yo soy propiedad de la Señora.
Todos lo somos... así son las cosas. 

 

Una de las cosas que más me ha enganchado a esta novela es lo bien que está descrita la atmósfera de los lugares por donde se mueven los personajes. Las luces y las sombras, los colores y hasta los olores componen a ojos del lector una imagen casi pictórica de los teatros, buhardillas o calles en donde transcurre la acción. Y es que la forma de plasmar los ambientes como si de un lienzo se tratara tendrá más importancia de la que aparentemente parece. Y ahí lo dejo.

Si el Londres victoriano de señores trajeados y apariencia seria e impoluta que organiza grandes eventos sociales y se ciñe a rigurosos formulismos de cortesía y etiqueta nos seduce, el que realmente nos cautiva, en cambio, es ese otro Londres más oscuro en el que Kitty se mueve como pez en el agua. Las calles por donde se mueve la protagonista de noche no están exentas de peligros ya que puedes encontrarte desde marineros borrachos buscando juerga hasta prostitutas dispuestas a todo por defender su territorio. Durante el día el panorama mejora un poco aunque sigue apestando a miseria y sordidez. Pero no sólo este ambiente degradado y mezquino está excelentemente descrito en la novela. También lo está el de los cabarés donde trabaja Kitty, el Pardillo de Limehouse,  y que tiene la oportunidad de observar desde una posición privilegiada. Las rivalidades entre las chicas del espectáculo, el ajetreo entre bambalinas, los instintos más básicos que se quitan el corsé en cuanto los clientes cruzan la puerta, los abusos a los que hay que hacer la vista gorda para sobrevivir.  Este lugar puede ser escenario de las peores atrocidades perpetradas por el ser humano y mantenerlas ocultas a los ojos del resto de la humanidad.

 

Las ventanas situadas a pie de calle de la mayoría de los edificios, aparte de las tabernas, claro está, eran negros huecos, e incluso las de más arriba, en la medida que pude ver algo, tenían las contraventanas cerradas o las cortinas totalmente corridas. Era esa clase de noche en que Londres pierde la confianza en sí misma, entorna las puertas, prende las lámparas y cierra los ojos. Abuela Peck habría encendido el fuego en una noche así y nos habría hecho sentar a Joey y a mí cruzados de piernas sobre su vieja alfombrilla de nudos mientras nos contaba historias de espíritus y de hadas malignas.

 

Narrada en primera persona por la propia Kitty la novela se lee sin dejarte tiempo a despegar los ojos de sus páginas. El ritmo jamás decae gracias al magnetismo del personaje principal pero también a personajes tan carismáticos como Lady Ginger, una decrépita anciana fumadora de opio o Lucca, el atormentado y deforme amigo de la protagonista. Kitty tiene mucha fuerza, es una chica inteligente y decidida a la que su inconformismo e insolencia le han traído más de un disgusto. En su investigación tendrá que salvar numerosos obstáculos, tentaciones, frustraciones y desesperación. Secretos familiares, un macabro cuadro, varios anónimos, amenazas veladas, desapariciones sin explicación, insistentes galanes con intenciones dudosas, el I Ching, mitos griegos, caóticos periodistas con tics nerviosos. Las piezas del rompecabezas deben ser encajadas y no hay demasiado tiempo o alguien morirá.

 

"Jamás hay que jugar a los dados con el diablo porque siempre gana él"

 

Kate Griffin ha logrado un thriller brillante que aunque no es de los que te tienen despistado hasta el final sobre quién es el asesino sí mantiene la tensión durante toda la novela proporcionando varias posibilidades al lector e, incluso, se guarda un impactante as  en la manga para el último momento. Sin duda la recomiendo y espero que la autora retome este personaje para futuras historias.



 Reseña realizada para el Equipo de Redactores de Momentos de Silencio Compartido

sábado, 5 de abril de 2014

"Bridget Jones. Loca por él" de Helen Fielding


Título: Bridget Jones. Loca por él
Autor: Helen Fielding
Editorial: Planeta
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-08-12165-7
Páginas: 480



Allá por el año 1999 leí un libro titulado El diario de Bridget Jones. Tanto me gustó que seguidamente leí  Bridget Jones: sobreviviré, la continuación que la autora sacó aprovechando el éxito que había tenido las aventuras de esta chica con incontinencia verbal, loca por encontrar una pareja y adicta a los libros de autoayuda. Disfruté mucho leyendo estos libros, me parecieron frescos y divertidos y llegué a cogerle cariño al personaje de Bridget, con quien es fácil sentirse identificada en algún momento. Años después las novela fueron llevadas al cine con Renée Zellweger, Colin Firth y Hugh Grant, pero jamás pensé volverla a encontrar en letra impresa.

Bridget Jones. Loca por él ha sido como topar por la calle con una vieja amiga del instituto. Te alegras de saber de ella y estás deseando saber qué ha sido de su vida pero han pasado tantos años que no sabes exactamente si las dos conservaréis ese feeling que os unía antaño. En unos casos esa distancia emocional no se salva jamás. En otros, en cambio, el trecho que separa a ambas personas se recorre en apenas unos segundos. Y no sabemos muy bien por qué, pero pasa. Con el miedo y la incertidumbre de saber en cuál de estos dos casos finalizaría este encuentro, y cierto enfado hacia la autora por la revelación en los medios de un detalle que marca la vida de Bridget, abordé este tercer libro doce años después de cerrar aquel Bridget Jones: sobreviviré. 

Han ocurrido muchas cosas desde que dejamos de saber de Bridget y algunas, o una en concreto que no desvelaré aquí pero que es vox populi, me chocó tanto que empecé a leer con cierto recelo. Ahora ella es una señora de cincuenta y un años como cualquier otra. Cuenta con algunas arrugas, unas cuantas canas y su eternos kilitos de más pero en el fondo sigue siendo la misma Bridget, "nuestra"  Bridget, esa chica despistada e insegura que se metía en líos con una facilidad pasmosa y que anotaba compulsivamente su peso, las calorías consumidas, los cigarrillos fumados o todo aquello que fuese susceptible de ser cuantificado en un diario que mucha gente llegó a imitar. 

Jueves, 19 de abril de 2012

79 kg; unidades de alcohol: 4 (bien); calorías: 2.822 (pero es mejor comer comida de verdad en un club que trozos de queso rancio y palitos de pescado en casa); posibilidad de tener o deseo de volver a tener sexo: 0.

Bridget es una madre que ha tenido que hacerse cargo sola de sus dos hijos y siente que lleva tanto tiempo sin tener sexo que cree que ha recuperado la virginidad. Como sucede casi siempre son sus amigos Shaz, Jude y Tom quienes le dan un toque de atención y los que le ayudan a que se de de cuenta de que tiene que empezar a vivir una vida que había dejado aparcada por un tiempo para dedicase por entero a criar a los niños. A partir de aquí, intentará, como se dice vulgarmente, volver al mercado, es decir, salir con hombres y conocer nueva gente. Las nuevas tecnologías proporcionan una gran oportunidad para este propósito pero también tienen un gran peligro. Su experiencia con las páginas de contactos no será exactamente lo que ella espera así que ampliará su abanico de posibilidades de encontrar pareja abriéndose también una cuenta de Twitter. Además, resuelve que tiene que empezar a retomar su carrera profesional que sea compatible con su maternidad por lo que decide escribir un guión y buscar quién lo produzca. 


"Lloros en el cuarto de los niños. Aún con las sábanas manchadas de diarrea en la mano, me he desviado hacia la habitación y a medio camino he oído lloros rivales procedentes del cuarto de baño. Me he planteado darme al vino. Me he recordado a mí misma que soy una madre responsable, no una putilla en un pub. Me he echado a temblar, histérica, entre la habitación de los niños y el cuarto de baño. El llanto del baño iba en aumento. He entrado pensando que Mabel se habría comido una maquinilla Bic, un bote de veneno o algo parecido, pero me la he encontrado haciendo caca en el suelo con expresión culpable y espantada. Me he sentido abrumada por mi amor hacia ella. La he cogido. Ahora no hay diarrea y vomitona sólo en las sábanas, en la alfombrilla del cuarto de baño, en Mabel, etcétera, sino también en el camisón vagamente sexual"


La faceta de madre de Bridget y la situación a la que se enfrenta añade un punto de ternura a una historia que, a pesar de que he disfrutado, me ha resultado tediosa en ciertos momentos. Tiene momentos ciertamente divertidos como la charla en Twitter con unas cuantas copas de más. Pero a pesar de esos momentos y de ser una historia completamente diferente a las anteriores me parecía estar leyendo algo ya leído, más de lo mismo. Y conste que sigo encariñada con esta niña grande que da mil vueltas a las cosas, que se dispersa, que es ocurrente y divertida pero, para mi, ya no es lo que fue: Tom o Jude, sus amigos de siempre, se han quedado anclados en los treinta, Daniel Cleaver, ese canalla cautivador, ya no encanta ni a las serpientes y no os digo nada de Mark Darcy porque aún sigo enfadada con la autora.

Creo que, como se dice en las rupturas amorosas: "cariño, no es por ti es por mí". Y es cierto, quizá la que haya cambiado sea yo y este tipo de lecturas ya sólo me sirvan para paliar un poco la nostalgia de una época ya pasada. Aunque hubiese preferido que Helen Fielding hubiera dejado a Bridget para siempre con treinta y cinco años.









lunes, 24 de marzo de 2014

"La ciudad de los ojos grises" de Félix G. Modroño







Título: La ciudad de los ojos grises
Autor: Félix G. Modroño
Editorial: Algaida
Año edición: 2012
ISBN: 978-84-9877-751-2
Páginas: 400





Sé que esta reseña va a ser redundante, sé que habréis leído tropecientas opiniones sobre este libro y todas positivas. Pues bien, ésta (si seguís leyendo) será la que haga tropecientas una. Decidí leer esta novela, aplazada durante meses, durante un viaje en tren a Barcelona. He de reconocer que fue el mejor trayecto en tren que recuerdo aunque quizá mi compañero de asiento, o sea mi marido, no piense lo mismo sobre las más de cuatro horas que me tiré abstraída totalmente en la lectura y sin darle la menor oportunidad de entablar una mínima conversación. Con estas primeras líneas no es para menos:


"Alfredo se enteró de la muerte de la mujer que amaba, leyendo el periódico. 
A pesar de que la guerra hubiese interrumpido las clases en París, el profesor de arquitectura seguía acudiendo al café de la plaza de Saint Germain des Prés, como cada mañana durante
los dos últimos años. Los mismos que llevaba sin regresar a Bilbao. Una trinchera invisible, horadada por sus propios fantasmas alrededor de su corazón, se lo impedía."



Arranca la novela 1914, en un París que presiente ya la sacudida de la Primera Guerra Mundial. El profesor de arquitectura Alfredo Gastiasoro vive en la capital francesa un destierro voluntario que es alterado cuando el destino pone ante sus ojos la noticia de que Izarbe, el amor de su vida, la mujer que se casó con su hermano, ha aparecido muerta en la ría de Bilbao. Cuando Alfredo regresa a su ciudad natal para el entierro de quien fuera su cuñada, su amigo y policía Fernando Zumalde le comunicará sus sospechas de que la muerte de Izarbe no ha sido accidental. A partir de aquí a la preocupación de Alfredo por esclarecer las causas de su muerte se añadirá al dolor y la nostalgia que siente por reencontrarse con los fantasmas de su pasado, a revivir aquello que le llevó a huir de esa ciudad y que, precisamente ahora, le obliga a quedarse.

" Miraba la ciudad y la veía a ella, con sus mismos ojos grises. En realidad eran dos ciudades. 
A un lado, la de siempre, la de calles estrechas , la de edificios antiguos, la que olía a su infancia; al otro, la de las avenidas, la de las modernas construcciones, la reciente, la que no olía a nada y que, no obstante, también se llamaba Bilbao, usurpándole el nombre a la vieja villa. 
Una Bilbao que se mostraba tan distante como cariñosa... como podía serlo una mujer...
como había sido Izarbe con él".


La ciudad de los ojos grises es, como bien nos anuncia esa preciosa portada, Bilbao. Esa ciudad que Alfredo añora y ama, esa Bilbao que ha ido cambiando dejando atrás lo que fue para convertirse en una ciudad que apenas reconoce pero que lleva impregnados dulces recuerdos relacionados indefectiblemente con esa chica de ojos grises de la que se enamoró perdidamente desde el primer momento en que la vio. Bilbao es Izarbe e Izarbe es Bilbao. Por eso para Alfredo recorrer sus calles sabiendo que ella ya no está supone un dolor inconmensurable. Maravillosa ha sido la ambientación de Modroño que con su manera de narrar nos transporta a las calles de Bilbao sin necesidad de haber paseado físicamente por ellas. Conoceremos a la pequeña Bilbao de finales del siglo XIX, la que se dedicaba fundamentalmente a la pesca y a la Bilbao de bien entrado el siglo XX que ya se ha convertido en una gran ciudad gracias al negocio de la minería. Se advierte en la narración  el cariño que Félix G. Modroño siente por esa ciudad en la que sitúa a personajes coetáneos tan ilustres y dispares como Unamuno, Julián Gayarre, María de Maeztu o Sabino Arana y que desfilan en la trama cual cameos cinematográficos que añaden interés histórico a la crónica que se nos está contando. 


"Abandonó la estación como quien abandona su cobijo. Enseguida se dio cuenta de que 
la ciudad seguía crecido sin considerar su ausencia. La gente parecía moverse cómoda 
entre los vehículos de motor, los de tracción animal y los tranvías. Miraba a un lado y a otro, 
tratando de distinguir alguna cara conocida, sin conseguirlo. 
Su ciudad se hallaba poblada de extraños... o , quizás, el extraño era él".




No podría catalogar La ciudad de los ojos grises como un tipo de novela concreto ya que Modroño ha logrado conjugar perfectamente varios géneros. Uno de ellos es la novela negra ya que mantiene durante todo el libro una intriga realmente sorprendente de espionaje y corrupción en la que tiene cabida hasta la mismísima Mata Hari. También toca el género histórico mostrándonos el auge de Bilbao en estos años y la situación política que se vive en España y Europa sin olvidarse de temas que siguen estando de actualidad como la situación lingüística o la lucha por la igualdad de la mujer encuadrándolo todo dentro de una historia de amor y un retrato costumbrista de la vida en la ciudad a finales del siglo XIX y principios del XX: sus cafés, sus partidas de mus, los bailes, el teatro.


La ciudad de los ojos grises nos habla de la triste regreso a una casa antaño llena de vida y promesas de futuro pero ahora ya vacía, de secretos inconfesados que quizá deberían permanecer ocultos, de las ocasiones perdidas y los amores imposibles, de las difíciles relaciones fraternales cuando un mismo amor se interpone entre los hermanos o de la añoranza de un pasado que recordamos mucho más feliz que el presente. Todo ello enmarcado dentro de una trama de intriga en una ciudad que, como un personaje más, iremos viendo crecer y evolucionar a través de los flashbacks que el autor va incorporando a la narración y que nos ayudan también a entender la historia personal de Alfredo. Una historia que, por emotiva y bien contada, perdurará en mi memoria como una de las mejores que he leído en mucho tiempo.

miércoles, 19 de marzo de 2014

"La alcoba escondida" de Almudena Navarro


Título: La alcoba escondida
Autor: Almudena Navarro
Editorial: Roca editorial
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-9918-660-3
Páginas: 256

 
A pesar de que no nací ni vivo allí, mis orígenes y una parte de mi corazón son manchegos. Por esa razón, y porque la autora de La alcoba escondida es compañera de reseñas, empecé a leer esta novela con especial deseo y cariño. Aunque muchas cosas han cambiado en estos casi ochenta años transcurridos desde la época en la que se enmarca la novela hay cosas que permanecen inmutables. En La alcoba escondida he vuelto a sentir el sol del verano cayendo a plomo sobre los campos, he observado a los hombres y mujeres trabajando de sol a sol en los labrantíos y me ha cegado el amarillo de los campos de cereales listos para la siega salpicado del blanco de las aldeas encaladas. 

La acción de la novela arranca en 1929 en Las Mesas, el típico pueblo manchego de casas bajas en los que la vida transcurre apaciblemente alrededor de una plaza presidida por la sempiterna iglesia. Conocemos a la familia de doña Enriqueta, apodada la pistolera por su carácter de armas tomar. Casada con Pepe, un hombre tranquilo y sosegado, Enriqueta es la persona más rica del pueblo y su personalidad fuerte y autoritaria le ha granjeado tanta admiración como temor entre los habitantes de una comarca en la que hace y deshace a su antojo. Es una especie de Angela Channing a la manchega, nada de lo que pasa en el pueblo escapa a su conocimiento. Su afán por controlarlo todo y proteger a su familia chocará con el de Rocío, su hija menor, una chica independiente y moderna que se rebelará en contra de los deseos de su madre. En cambio Milagros, la hija mayor, de una capacidad intelectual algo limitada, se plegará encantada a los deseos de su progenitora de casarla con alguien de su conveniencia. Durante esta parte de la novela, con un estilo limpio y un lenguaje sobrio, Almudena Navarro presta especial atención a las relaciones entre los habitantes del pueblo y la familia de Enriqueta así como pondrá de manifiesto las costumbres de la zona y la época, retratando la vida en los pueblos y el contraste que se producía con la capital, Madrid, donde también transcurre parte de la acción.  Esta es la parte que más me ha gustado de la novela, ver cómo el pueblo entero se moviliza los domingos para ir a misa y poder coincidir con la familia de Enriqueta en el camino, acompañar al Santo Niño de la Bola en procesión, acompañar a Rafaela en las tareas domésticas, admirar los modelitos traídos de Madrid que Rocío luce cual estrella de cine entre sus paisanos, ver a doña Enriqueta en su salsa mandando callar al cura... Son todos hechos que nos ayudan a conformar un retrato de la vida rural de la época. También he de destacar la gran labor de Almudena al rescatar palabras tan características de la zona como "odo" o "golusmera" que desde pequeña oía pronunciar a mis abuelos y que contribuyen a dar verosimilitud a la novela. 

 
- Y, Rocío -añadió Enriqueta mirándola fijamente.
- ¿Sí, madre?
- Te recuerdo que Milagros es tu hermana mayor.
- ¿Y?
- Pues que, antes de casarte tú, tendrá que casarse ella. Claro está. - Enrqueta no pudo evitar sonreír, sabiendo el efecto desolador que sus palabras causarían a su hija.
- No lo dirá usted en serio, madre. Me voy a quedar pa vestir santos.


En la segunda parte de la novela, el protagonismo recae más sobre Alberto Cuartero, yerno de Enriqueta y abogado del Estado afiliado a la CEDA. Este personaje, aparte de sus dilemas morales sobre su matrimonio, servirá para dibujarnos una imagen del panorama político existente durante la Segunda República. Un clima cada vez más enrarecido que derivará en la ominosa contienda que fue la Guerra Civil y que enfrentó a hermanos con hermanos durante tres años. Interesante resulta ver cómo las circunstancias van complicándose y el conflicto armado se ve casi como algo inevitable. Aunque este enfrentamiento como algo más a nivel político que entre el pueblo, que sólo quiere vivir en paz sin meterse en líos. No obstante, la situación política no es más que el telón de fondo para contar la historia de una familia en la que el equilibrio que mantenía la matriarca se va resquebrajando dividiéndose por el rencor y la ambición.

Alberto miró a su amigo con tristeza. 
- Métete esto en la cabeza, el centro ya no existe. Si es que alguna vez llegó a existir y no fue un espejismo. 
- Todo por lo que he trabajado era con un fin, Mendizábal, la convivencia democrática. He fracasado. Voy a ser un fugitivo triste y fracasado.



Si tengo que ponerle algún pero a La alcoba escondida es que me han faltado páginas, es cierto que con unos cuantos trazos los personajes quedan fielmente retratados, algo sumamente difícil de conseguir, pero me hubiera gustado conocerlos más íntimamente, ahondar en sus relaciones personales y en sus pensamientos. Creo que me hubiese ayudado a meterme más en la historia que se profundizara en personajes como los de Leopoldo, Rafaela o Rosa que pasan muy de puntillas por una novela que me alegro de haber leído y por la que felicito sinceramente a Almudena. 


Reseña realizada para el blog Momentos de Silencio Compartido.

sábado, 8 de marzo de 2014

"Enterrado en vida" de Arnold Bennet


Título: Enterrado en vida
Autor: Arnold Bennett
Editorial: Impedimenta
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-15578-49-9
Páginas: 304


Me declaro admiradora de la Editorial Impedimenta. Su catálogo está plagado de joyas literarias por lo que no sus novedades son de las que más espero cada mes. La novela que ahora os traigo llamó mi atención nada más leer su título y admirar su portada. Echando un vistazo a su sinopsis terminé de convencerme de que tenía que leerla, ya que sugería una buena lectura de enredos y confusiones al más puro estilo inglés. Para más inri, coincidió que El infierno de Barbusse le dedicó una semana temática y terminé cayendo rendida a sus pies aún sin haberla leído. Ahora, con conocimiento de causa, confieso que Enterrado en vida me ha encandilado.

Londres, 1908. En el 91 de Selwood Terrace está instalado Priam Farll acompañado por el sinvergüenza de su lacayo, un tal Henry Leek. Priam es un pintor de éxito al que muchos consideran el mejor que ha existido jamás o, en su defecto, el "pintor más grande de la historia después de Velázquez". De una timidez compulsiva casi enfermiza, Priam ve el cielo abierto cuando Leek muere y el doctor confunde al fallecido con el propio Farll. Es su oportunidad de alejarse de todo, de la fama y de la angustia que le producen las relaciones sociales. Como a la ocasión la pintan calva Priam decide no deshacer el entuerto y aprovechar para desaparecer. De este modo no saca al doctor de su error y éste certifica el fallecimiento del genial pintor. A partir de aquí Priam vivirá la vida de su lacayo, con sus ventajas pero también con sus inconvenientes, algunos verdaderamente peliagudos, y los rocambolescos acontecimientos se suceden en la que será para Priam la mayor experiencia de su vida.
 
- ¿Dónde está su invitación? - preguntó el hombre de sotana.
Priam la buscó en los bolsillos y no pudo encontrarla.
- Debo de haberla perdido - dijo con voz débil.
- ¡Bueno, da igual! ¿Cómo se llama usted?
- Priam Farll - dijo Priam Farll sin pensar.
- ¡Está loco perdido, evidentemente!
 
 
 
La novela de Bennett juega con la posibilidad de dejar de ser nosotros mismos y ponernos en el lugar del otro caricaturizando algunas debilidades del ser humano. Un poco al estilo de El príncipe y el mendigo de Twain sólo que aquí el mendigo está muerto y, lógicamente, no toma parte en el engaño. Farll, un tímido recalcitrante que sin embargo  ansía nuevas emociones, intenta reaccionar como lo haría Leek pero sus modales y su carácter terminan siempre saliendo a la luz, lo que da lugar a situaciones verdaderamente comprometidas narradas con un tono entre irónico y condescendiente pero siempre cargado de humor para con el protagonista y, en general, con las peculiariades, muchas veces absurdas, del carácter humano. 
 
"Llamar la atención del mundo hacia su persona le resultaba angustioso.
Pero por carta podía atreverse a todo: le daban una pluma, y no tenía miedo a nada"
 
 
 
El tono irónico tiene su parte socarrona pero también su vertiente crítica. Bennett como narrador pone en evidencia ciertos aspectos que le chocan de la sociedad británica de principios del siglo XX. La encendida defensa de Priam por parte de un sector de la prensa en contraposición a sus fervientes detractores es una muestra de lo complicado que es el mundo del arte, a la vez que nos enseña un poco el funcionamiento de los medios de comunicación que pueden encumbrar o hundir a cualquiera a golpe de editorial. Qué entendemos por arte, cuáles son los parámetros que diferencian lo que tiene calidad de lo que no, quién los decide y por qué. Los intereses, casi siempre monetarios, que mueven el mercado del arte salen mal parados en esta novela en la que, de hecho, Priam se hace famoso por un cuadro que retrata a un policía de Londres y que en principio no es entendido por el público. ¿Qué tiene de especial ese cuadro? Pues que a nadie hasta la fecha se le había ocurrido hacerlo. Quizá sea esa la verdadera cualidad que distingue a los genios del resto de mortales, que son los pioneros, los que marcan el camino que seguirán los que vengan detrás. O quizá sólo supieron publicitarse mejor que otros.

Londres está muy presente la narración, el Londres de principios de siglo XX en el que el metro ya es un medio de transporte cotidiano, en el que el bullicio de las calles, con sus ruidosos coches, es algo habitual. Un Londres en plena expansión en el que comienzan a surgir nuevos comercios, como los salones de té regentados por damas emprendedoras, o una infinidad de nuevos y suntuosos edificios en contraste con los barrios de la periferia, como Putney, lugar donde vive Alice. Este Londres es el que aparece en la novela claramente retratado. Un Londres que se abre a la modernidad pero que peca de una doble moral que Bennett no duda en criticar atacando también al encorsetado mundo de las apariencias, al mezquino sistema judicial y a los poco honrosos métodos de los periódicos de la época, que no difieren tanto de los actuales, buscando siempre el morbo y el sensacionalismo. 

Especial atención quiero dedicar a Alice Challice, un personaje que me ha maravillado, una mujer de diferente extracción social que Priam pero que le servirá de apoyo y que le ayudará a ver las cosas con otra perspectiva. Alice siempre pone un punto de cordura y sensatez a cualquier situación, es la que tiene los pies en el suelo, la práctica y sensata que sirve de contrapeso para encontrar el equilibrio que necesita el excéntrico de Priam. Memorable es la escena con la viuda y sus hijos (no os la contaré porque hay que leerla), en la que Alice los despacha con un desparpajo y resolución que sólo pueden tener las personas que saben lo que quieren en la vida. 
 
- (...) Pero ¿sabe usted?, nunca había estado en un restaurante.
- ¿De verdad?
- Sí - dijo-. Y me pareció que debía probar alguno. La chica de la estafeta de correos me había ducho que aquel era espléndido. Y lo es, vaya si lo es. Es precioso. Pero deberían avergonzarse de servir esa comida que sirven. ¿Se acuerda usted del lenguado?. ¡Lenguado! Aquello tenía de lenguado lo mismo que mis guantes. Y tanto daba que hubiera estado al fuego un minuto, como una hora.... Y luego, mire usted los precios... Ah, sí, no pude remediar echar un vistazo a la cuenta.
 
 
Por último, recomendaros encarecidamente el postfacio de José C. Vales, que nos sirve para situar a Bennett en su época y valorarlo en su justa medida. Como siempre, Impedimenta, de chapeau.




 

lunes, 17 de febrero de 2014

"Los años de peregrinación del chico sin color" de Haruki Murakami


Título: Los años de peregrinación del chico sin color
Autor: Haruki Murakami
Editorial: Tusquets
Año edición: 2013
ISBN: 978-84-8383-744-3
Páginas: 320




En cuanto publican una nueva novela de Murakami tengo claro que será una de mis próximas lecturas. Este autor siempre me sorprende con cosas nuevas pero sin perder ese toque, esa esencia, que le caracteriza y que hace que sus historias sean claramente identificables. Es por esto que saber que voy a reencontrarme con Murakami me sume en un estado de excitación y de impaciencia por zambullirme en el torbellino de sensaciones que transmiten esas historias suyas casi hipnóticas. Y esta vez no ha sido distinta. En Los años de peregrinación del chico sin color se me ha revelado un Murakami menos onírico que en anteriores novelas, aparentemente (sólo aparentemente) más convencional pero que no pierde de vista esos rasgos que caracterizan su literatura. Y no es que en esta novela no aparezcan esos sueños, esos momentos en los que realidad y ficción llegan a confundirse sino que en este caso el peso de esos pasajes no es tanto en relación al resto de la trama.

Vuelve a ser protagonista de la historia un joven soltero, Tsukuru Tazaki, que trabaja diseñando estaciones de tren. A Tsukuru siempre le han atraído las estaciones, con su trasiego de pasajeros, las señales de partida de los trenes, la gente despidiéndose en los andenes. Es quizá éste el rasgo más característico de un chico que se define a sí mismo como "anodino" y a su vida como "desvaída". Tsukuru se encuentra en un momento peculiar y transcendental en su vida, ha empezado a salir con una chica, Sara, pero ésta le pide que aclare un episodio traumático de su adolescencia para poder avanzar él mismo y también en su relación. Este acontecimiento de su pasado no es otro que el rechazo que sufrió por parte de sus amigos del instituto en su pueblo natal, Nagoya. Antes de irse a Tokyo para cursar sus estudios universitarios, Tsukuru formaba parte de un grupo de cinco amigos, tres chicos y dos chicas, fuertemente unido que, de la noche a la mañana, le dio la espalda sin ninguna explicación. La separación física y emocional de sus amigos fue un hecho que Tsukuru acató sin hacer preguntas pero que  le llevó a tal desesperación que incluso deseó morir.

"Durante los cinco meses posteriores a su regreso a Tokio, Tsukuru vivió a las puertas de la muerte. Su vida pendía de un hilo, y le parecía que, con sólo darse la vuelta en la cama, 
caería en un abismo, en un vacío. Pero no tenía miedo. Tan sólo pensaba cuán simple sería caer.
Hasta donde alcanzaba su vista, todo se le antojaba un páramo rocoso. Ni una sola gota de agua, ni la más pequeña brizna de hierba. Había desaparecido todo color, cualquier cosa semejante a 
la luz".


Desde entonces Tsukuru se ha sentido algo alienado, un sentimiento que ya tenía cuando pertenecía al grupo por el hecho de no compartir una curiosa característica con sus cuatro amigos. Todos los apellidos de sus amigos incluyen un color en sus primeros ideogramas: Aka (rojo), Ao (azul), Shiro (blanco) y Kuro (negro). El rechazo que sufre acentúa ese sentimiento de exclusión, de no pertenencia a un grupo, que coincide con su llegada a Tokyo, una ciudad nueva para él donde no conoce a nadie y donde es muy fácil pasar inadvertido. Sólo la aparición en su vida de Fumiaki Haida, (otra vez alguien con un color en su nombre, ahora el gris), un joven que pasará por su vida dejándole más interrogantes que certezas, devolverá algo de normalidad, de color, a la vida del joven protagonista.


Y no os cuento más del argumento porque quiero que lo descubráis vosotros mismos. Que acompañéis a Tsukuru en su viaje por recuperar su pasado para poder mirar al futuro, por encontrar respuestas para cerrar heridas largamente abiertas. Murakami nos habla de temas que a todos nos afectan de una manera u otra, de encajar piezas en nuestras vidas, de deshacer nudos, de morir para poder renacer, de encontrar esa estación de destino donde poder echar raíces, de las bonitas relaciones que poco a poco van destiñiéndose hasta desaparecer o del descubrimiento de la percepción que de nosotros tienen los demás. Todo ello, siendo fiel a sí mismo, articulado por una base musical que esta vez tiene como tema principal "Le mal du pays" de Listz, que impregna las páginas de una tristeza serena y cargada de aflicción. Evoca esta pieza nostalgia por los tiempos pasados, melancolía por las ocasiones perdidas, pesar por las posibilidades desbaratadas. Unos sentimientos que conjugan muy bien con los del protagonista y que logran traspasar las páginas para encogernos el corazón y remover nuestras propias conciencias. 

"En ese momento, por fin lo acepó. En lo más profundo de sí mismo, Tsukuro Tazaki lo comprendió: los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida. Ésos son los cimientos de la verdadera armonía".